jueves, 26 de febrero de 2015

Día 579: Plantillas a troche y moche.

Intrigado me dejó el informático con eso de los tuits plantilla por lo que, en un arranque de humilde ignorancia propio de las grandes mentes que perlan la Historia del Pensamiento, he decidido ir a que me explique de qué diantres estaba hablando.

Como no quería parecer un ignorante absoluto, no he entrado en el departamento de informática preguntando: "¿Qué narices es eso de un tuit plantilla?" y he optado por iniciar la conversación con una pregunta que pudiera hacerles creer a los simpáticos gafapasta esos que sabía por dónde me daba el aire. Así que les he espetado: "¿Y vosotros los tuits plantillas los usais para pronadores o supinadores?" La carcajada me ha hecho sospechar que, tal vez, había alguna lagunilla en mi elaborado plan para aparentar saber qué terreno pisaba.Entre lágrimas y toses, los alegres muchachos de los megas y los teras me ha explicado, al fin, a qué diantres se refieren cuando te sueltan lo de las plantillas y, a juzgar por sus palabras, poco o nada tiene que ver con el pie, sus formas, su huella o sus olores.

Por lo que se ve, un tuit plantilla es cualquier frase, diálogo o expresión susceptible de, con las convenientes modificaciones, producir un hilarante tuit que haga las delicias de cuantos se asoman a bajo las alas del pajarito azul.

He abierto un rato Tutwier (no, definitivamente así no es) y me he dedicado a buscar esos afamados tuits plantilla y, la verdad, la decepción ha sido mayúscula.

Pensaba que había cientos y cientos de escritores con sus libros bajo el brazo y resulta que no deben ser tantos, pensaba que, al fin, Íñigo Montoya estaba a punto de vengar la muerte de su padre pero he descubierto que ni todos los que se autoproclaman Montoya ostentan tal apellido, ni la tan esperada venganza está tan próxima como esperábamos con confiada alegría. Cientos de miles de "te quiero" obtienen respuestas que, por lo visto, no están basadas en hechos reales lo cual es una auténtica desilusión pues ya iba yo a preguntarle a uno si su historia de amor había fructificado después de recibir por respuesta a su requiebro de amor un "su tabaco, gracias". He de reconocer que lo de "Dadme un punto de apoyo que llevo ya doce gin-tonics" muy a Arquímedes no me sonaba pero como no me sé al dedillo la vida de tal personaje a lo mejor el hombre le daba bien al bebercio y la traducción ha sido actualizada para ser entendible en la actualidad. Pero no, tan falso esto como todo lo demás. Desilusión tras desilusión me ha pasado como al pobre Lázaro cuando despertó de su inocencia a golpes contra la piedra. Todo es una falsedad tras otra aprovechando un diálogo de una película o una frase conocida de cualquier libro o filósofo.

Una cosa que sí he observado es que, por lo general, ciertos tuits plantillas pueden darte pistas de lo que pasa alrededor. Si ves que hay mil o dos mil que empiezan diciendo "Me llamo Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejercitos del norte..." ya puedes sospechar que, en algún canal de la tele están poniendo Gladiator o, si te sueltan una retahíla de nombrecitos para rebautizar el aeropuerto de Madrid, ve buscando entre las esquelas que algún famoso ha pasado a mejor vida. Porque otra cosa no, pero los tuiteros saben exprimir cada oportunidad que les brinda la vida para sacar a relucir su gran agudeza, saben exprimir la vida y sacarle el jugo para confirmarte, en cientos de tuits, que si la vida te da limones puedes poner una frutería.

Decidido a sacar algo de provecho, me decido a escribir al dictado de los tuits plantilla. Tres horas de pensamiento profundo y cara de estreñimiento no me han permitido hacerlo aun pero no pierdo la esperanza, mañana se me ocurrirá alguno y, por fin, me lanzaré a recoger las mieles de los followers que, en multitud abrumadora, se agolparán tras mi cuenta. O eso o me daré contra un muro, que es lo más probable.

martes, 10 de febrero de 2015

Día 569: (¿He dicho 69 mmmm?) Antología de grandes escritores.

Una de los grandes descubrimientos que he hecho en Tuinter (pues va a ser que no es así como se escribe) es que existe toda una pléyade infinita de escritores que cuentan con infinitos libros publicados. Es frecuente encontrarse con un tuit que comienza con las palabras mágicas "En mi libro..." para ofrecernos a continuación su título y, cómo no, un brevísimo resumen del contenido que él se nos ofrece cual perlas de sabiduría puestas en negro sobre blanco.

Lo cierto es que los libros despertaron mi interés el día que me dijeron que son como un conjunto de muchos tuits puestos unos detrás de otros e, incluso, contando una historia completita con personajes y todo. Mira tú cómo llega uno a enterarse que Cervantes era capaz de tuitear mucho y siendo manco. El ver la retahíla de títulos y temas que se despliegan por mi pantalla del móvil me ha descubierto la gran cultura que se esconde bajo la aparente banalidad del pajarito azul.

El primero que me ha despertado curiosidad es uno titulado "El arte de concretar" en el que, según explica su autor, "se enseñan muchas cosas". A partir de ahí, todo ha sido un frenético apuntarme una lista con cada título que se me presentaba en los diferentes tuits. En media hora he recopilado unos treinta y siete títulos y, a falta de autor reconocible, he apuntado los nicks de los usuarios que han hablado de sus libros. Con esa lista ha comenzado mi labor de investigación.

Tres horas he navegado por páginas como Amazon, La Casa del Libro, El Librero Online, Libros a Troche y Moche, Descargalibros, El Templo del Placer, El Anaquel de la Abuela, Zorritas en tu Barrio, Youporn, Series Horse Luis, Biblioteca Nacional, Jovencitas Expertas, Todocoches, Todolibros, Todoseries, Todotodo y Anal Intruder (no preguntéis cómo he llegado a esta ni lo que he encontrado, por favor). Tres horas que me han llevado a las siguientes conclusiones:
  • Los libros de los tuiteros son más difíciles de encontrar en la red que en la casa de Gran Hermano Vip.
  • Si pulsas al azar cualquier parte de una página cualquiera de Internet, tienes un 109% de posibilidades de que se te abra una página porno.
  • Los libros que te sugieren como "semejantes a tu búsqueda" en las páginas donde venden libros se parecen a los que tú buscas lo mismo que un berberecho a la torre Eiffel.
  • El uso prolongado de internet puede producir sobrecalentamiento, así en general.
Dado el fracaso experimentado en la red en la que todo se puede encontrar menos lo que buscas, me decido por recurrir a medidas drásticas. A grandes problemas, grandes soluciones.

Lo cierto es que la cara que ha puesto la jovencita que atiende en Santos Ochoa cuando ha visto títulos como "De la hostia que te meto vas a bailar sardanas sin descanso" o "Cienmil formas de que tu suegra se suicide sin que parezca asesinato" ha empeorado sobremanera cuando ha visto los nicks de los supuestos autores "Huevipollo", "Arthur Gromenauer" o "Coño Excelsior" (este es mi nick favorito, por cierto). Tras teclear uno a uno los títulos en su ordenador, ha concluido que esos libros no existen o, por lo menos, no los tienen en existencias. Me asombra que una vendedora de unos 18 años, a la que se le ve una carrera como librera de altura, no sea capaz de encontrar ninguno de los libros que le propongo.

Estando en la librería ha entrado uno de los informáticos del trabajo y, al verme refunfuñando ante la dependienta, se ha interesado por mi caso y, cuando le he explicado lo sucedido, ha soltado una carcajada estruendosa, casi se atraganta tres veces y me ha dado una palmada en el hombro que me ha dejado torcido hasta el fin de la legislatura. Después me ha explicado que esos libros son inexistentes que sólo son tuits plantilla.

Para no ahondar en mi bochorno, no le he querido decir que no tenía ni idea de qué diantres me estaba hablando pero algo ha debido ver en mi expresión que le ha hecho sospechar de mi ignorancia porque ha vuelto a reírse como un poseso (algún día se las devolveré todas juntas) y me ha dicho que explicará de qué va eso de las plantillas.

Por hoy no he querido sentirme más humillado por lo que me he retirado alegando tener prisa, me he escondido en mi casa y me he planteado tirar el móvil por la ventana (algo que no he hecho porque mi buena pasta me costó que si no...).

viernes, 30 de enero de 2015

Día 559 : ¡Qué bonito es socializarse!

Algo deben echarle al Trwitren (o como se diga) para que enganche tanto. Analizado friamente, los fiascos se me acumulan como setas en un pinar pero una fuerza oculta me impulsa a darle al pajarito en el móvil cada vez con más frecuencia. Debe ser algo común a eso que llaman redes sociales porque, allá por donde mire, los apegados al telefonito de marras son cada vez más numerosos.

Recuerdo que, hace tiempo, miraba asombrado a quienes andaban por la calle absortos en la pantallita y pensaba que qué podían encontrar en un chisme que a mí, para ser sinceros, sólo me reportaba disgustos y trabajo. Sin embargo, desde que instalé la App (que no podía llamarse "programita pal móvil", no) cada vez son más frecuentes los momentos en los que agacho la cabeza, enciendo el teléfono y me dedico a emplear tiempo en distraerme como se ha hecho desde que el mundo es mundo: no hacer nada de provecho.

Lo que antes era tiempo de desesperada búsqueda de pasatiempos más o menos productivos es ahora el encuentro gozoso con el absurdo pero las risas que a veces me echo compensan con creces los tropezones más ridículos, el dolor de cervicales, la aceleración de mi presbicia y los moratones producidos por encontronazos con farolas o árboles. Y no hay que olvidar que, además se conoce gente.

Y es curioso que un invento que, en teoría, sirve para conocer gente ha producido que últimamente salga con menor frecuencia y, cuando lo hago, corro el riesgo de que los que me acompañan salgan huyendo al verme desenfundar el móvil y me dejen con mis cosas de Turutren (no, así ni se acerca) hasta que, media hora después, me percato de mi soledad y salgo a su encuentro en algún otro bar, con el inconveniente sobrevenido de tener que hacerme responsable de la cuenta lo que supone también una merma para mi bolsillo, todo hay que decirlo. También reconozco que alguna colleja por parte de mi madre me he llevado, acompañada por un contundente "deja el trasto ese cuando estemos comiendo", se ve que en la mesa hay que dejar el teléfono para estar plenamente concentrado en las imágenes que el televisor escupe y no podemos interrumpir a Brasero cuando nos habla pormenorizadamente del tiempo en Tegucigalpa o nos muestra fotitos de espectadores arrobados por la belleza de una nube en el cielo. Reconozco que todo cambia y ahora con mayor celeridad que nunca y por eso, seguir a alguien de quien desconoces hasta el nombre, es conocer gente. Eso sí, tendré que aprender a explicárselo a mi madre para que deje de darme collejas y pueda relacionarme con los tuiteros mientras ella adora fervososamente las borrascas y las marejadas del Brasero.

Pese a todo, también tiene algún que otro inconveniente esto de socializarse virtualmente. Ayer, sin ir más lejos (o mejor dícho yéndome más lejos) se me pasó la parada del bus por lo que tuve que recorrer andando una distancia mayor que si no hubiera cogido el transporte público. Esto, añadido al hecho de que me dio por tuitear mi camino a pie, produjo un retraso en mi entrada al trabajo pero, eso sí, me proporcionó la satisfacción de comunicar al mundo (bueno a mis tres seguidores) cada cosa que me encontraba en mi camino (selecciono sólo algunas de las perlas con las que compartí mi caminar mañanero en la red):
 "Hay gente por la calle".
"Pues parece que hace fresco".
"Ya queda menos para llegar al curro".
"Podían asfaltar un poco mejor esta calle".

Una cosa es innegable y es la gran influencia que las redes sociales están adquiriendo en estos tiempos. De hecho, hasta la Guardia Civil, según leo en algunos tuits, ha adelantado a un tuitero hace un rato y le ha pedido que les siguiera. Por supuesto ha hecho caso omiso a su amable invitación, ha bajado la ventanilla y les ha espetado: "Mi cuenta es mía y sigo a quien me da la gana", argumento que he visto profusamente reproducido en la pantallita. Se ve que la Benemérita no sabe encajar bien eso de que no la sigan y se le han puesto a insistir hasta que me he visto obligado a detener el coche para no tener un accidente. Una vez les ha explicado mi intención de no darles follow han optado por intentar convencerle por medios más expeditivos y, de no ser por el abogado de oficio, aún estaría en el calabozo intentando comprender por qué esa necesidad de ser seguidos por un cualquiera.

Pero, eso sí, no espero que no dobleguen su determinación y no consigan su follow. Que se fastidien.

jueves, 22 de enero de 2015

Día 552: Los Memes.

Vistos los batacazos que me he dado por confiar en mi cuñado, he decidido actuar por mis medios. He cancelado la cuenta y he procedido a comenzar de cero. Como fotito he optado por una muy graciosa que he visto por internet que me ha hecho gracia y no debe ser mala elección porque la he podido ver en otras ochocientas catorce cuentas.

Y, hablando de imágenes, hoy me he dedicado a observar las que los usuarios de Twitwer (que no podían haberle puesto un nombrecito más sencillo) cuelgan con gracia y soltura en sus cuentas. He abierto unas trescientas en dos horas y, tras sufrir tres ataques de ansiedad, un ictus y media docena de amagos de infarto, he llegado a la conclusión de que esta gente muy bien, lo que se dice muy bien, no anda.

Tan pronto te sale una fotografía de Coelho sobre fondo oscuro en el que se añade un pensamiento profundo del tipo: "Hoy me he levantado estreñido pero con tesón lo he superado" como te cuelgan una foto cogida de la cuenta de un espantajo que se ha hecho ante el espejo del baño para hacer pública su "apolínea" belleza realzada con peinados extravagantes, atuendos insólitos o, directamente, una falta de pudor asombrosa. Animales en poses inesperadas también resultan atractivos para los tuiteros y, entre tanta sinrazón, están las fotos normalitas, las que hace uno para compartir pero estas suelen tener menor eco dentro de la red del pajarito azul.

Pero, sin duda, las que más proliferan y se repiten y reproducen como conejos en celo son las que, según me ha comentado uno de los informáticos del curro, se denominan "Memes" cuyo nombre es para mí un misterio insondable de la cibernaturaleza.

Por lo que se ve, se coge una imagen de alguien famoso o en pose pintoresca, se le añade un texto que añada una nota de humor a la situación y se cuelga de la red a modo de invitación para que otros la cojan, modifiquen el texto y procedan a subirla con total desparpajo. Llevados por la vorágine de memes, he visto la misma fotografía unas noventa y ocho veces, eso sí, con textos cada vez más hilarantes. De este modo, he podido ver cómo un personaje público ha pasado de confesar su homosexualidad a alardear del tamaño de su miembro (cosa curiosa ya que se trataba de una mujer que preside un gobierno de un país alemán que no diré para no menoscabar su imagen pública), ha amenazado con quemar media Europa y se ha hecho amante de otro presidente de un país español que no citaré para no da pábulo a lo que creo que es una invención tuitera.

Si algo caracteriza a los tan traidos y llevados memes es su capacidad de reproducción. Como hongos se desperdigan por la pantallita en cuanto surge uno que les da juego a los tuiteros. Quizá uno de los más empleados sea la imagen de Julio Iglesias y he sentido una punzada en el pecho al ver cómo utilizan a mi idolatrado cantante para manifestar su fogosidad amatoria. No seré yo quien discuta tal aspecto de la vida íntima del maravilloso intérprete de "De niña a Mujer" o del inolvidable "Hey" pero he sentido cierta amargura al ver a tal monumento patrio, a tan formidable cantante rebajado a una simple pantomima sexual que te señala desde una fotografía con un texto que, indefectiblemente, termina con un "y lo sabes".

Intentando aprovechar el tirón de los memes y buscando esquivar la imagen de mi idolatrado Julito, he intentado dar a conocer mi cuenta y conseguir algún que otro seguidor creando mi propio meme. He buscado una imagen de un bebé más feo que pegarle a un padre con un calcetín sudado y le he añadido en una preciosa letra llamada Comic Sans un mensaje que creo que triunfará en el mundo virtual sin problema: "Estoy solito porque queréis".

Con una profunda satisfacción he dado al botón de publicar y he esperado la reacción de la red. Un cuarto de hora después no pasa nada. Media hora después sigue sin pasar nada. Una hora más tarde el Conecta (que ahora se llama "notificaciones" pero que, básicamente, hace lo mismo que antes) sigue más parado que el miembro de Tutankamón. Dos horas y cuarto más tarde me ha parecido ver que había una nueva notificación pero ha debido de ser un reflejo en la pantalla del móvil porque no ha pasado absolutamente nada.

Tras tres horas después todo seguía sin cambio alguno. Cierro esto intentando asumir la decepción. Esto de triunfar con el pajarito no es tan fácil como lo pintan en las pelis porno.

martes, 13 de enero de 2015

Día 543: El Játer.

Hoy he entrado en Truturiter (no hay forma) con ganas de aprender y me he topado con un gran número de alusiones a una especie tuiteril completamente desconocida para mí pero que, por lo que se ve, tiene más solera que el anisete del abuelo: los Játers.

El llamarlos así responde al irrefrenable impulso que tienen los tuiteros de llamarlo a todo usando el inglés (que digo yo que será porque suena más tecnológico). El término, tan desconocido para mí como la física cuántica, me lo han tratado de aclarar los informáticos del trabajo, entre sonoras carcajadas cuando han visto que tomaba notas. Lo cierto es que tales individuos deambulan por la red del pajarito como Pedro por su santísima casa pero, lo que son las cosas, yo andaba totalmente ajeno a su existencia.

La técnica que utiliza un Játer es bastante simple: se trata de responder a todo lo que escriban otros menospreciando, insultando o ridiculizando a su víctima. Según he podido entender entre las carcajadas de los informáticos, cuando uno de estos personajes se asoma a tu cuenta puedes proceder de varios modos. Por un lado puedes no hacerles caso, con lo que te conviertes en un creído maleducado por no contestar. También puedes optar por pagarles con su misma moneda, con lo que te conviertes en un creído maleducado por insultarles. A lo mejor decides optar por bloquearlos y, por arte de birlibirloque, se te adjudica la etiqueta de tuistar incapaz de encajar con gracia y salero al játer (además de ser un creído maleducado, por supuesto). También puedes decidirte por contestarle sin entrar en su juego pero, entonces, él seguirá en su línea y acabarás por ignorarlo, aunque sea por aburrimiento con lo que te conviertes en un creído maleducado.

Mi falta de pericia en estas cosas me ha llevado a consultar a mi cuñao que, mientras mordisqueaba un palillo, me ha dado un par de palmaditas en la espalda y, con su tono de condescendencia habitual, me ha sugerido que le ceda el sitio para mostrarme la verdad suprema del asunto que sólo él, en su infinita sabiduría, conoce. Con una sonrisa que más que tranquilizar me ha dejado inquieto, me ha sugerido que él me iba a enseñar la técnica pues él mejor que nadie sabe hacer de játer y, bien realizada, la técnica me granjeará más seguidores de los que jamás pude soñar.

Temblando, le he dejado la cuenta y, en unos diez minutos, ha conseguido que me bloqueen hasta las cuentas de publicidad. Desolado al ver cómo mi contador de seguidores se ha puesto en números negativos, he optado por remediar la situación antes de que el energúmeno ese me acabara hundiendo definitivamente y he desenchufado el ordenador.

Entre lágrimas le he pedido que me deje solo, que ya he aprendido la lección. Los disgustos no paran de cercarme y, mientras mi cuñao salía de casa dicíendome que no tengo arrestos suficientes y que así no llegaré a nada en la vida, me hundo en mi desesperación sin saber si algún día el pajarito azul me dará alguna alegría.

martes, 9 de diciembre de 2014

Día 523: El follow Guadiana.

Va siendo hora de hacer lo posible para lograr que alguien me siga. Está claro que, mientras no me vean y descubran mi gran talento oculto (que mucho debe estarlo porque ni yo sé a ciencia cierta dónde anda) el numerito que indica cuánta gente husmea en mis tuits no va a pasar de cero patatero. Mi cuñao, tan entendido él en todo lo divino y humano, me ha comentado que hay un truco infalible que consiste en ponerme a seguir a alguien para, al cabo de un rato, dejar de seguirlo y volver a seguirlo después, repitiendo la acción muchas, muchísimas veces para conseguir captar su atención.

Como lo dice mi cuñao, y viendo el resultado de todos sus consejos,  decido no hacerle ni caso y observar la reacción de otros tuiteros ante tal práctica que, por lo que se ve, no es tan secreta como mi cuñao pretende, aunque él (todo hay que decirlo) suele pensar que todo lo que hace o piensa está a la altura del descubrimiento de la pólvora.

Por otro lado, a mí, de entrada, el método del martillo pilón no me ha dado muy buenos resultados. Las muchas veces que le he pedido a la vecina de abajo sal poniendo ojillos lascivos sólo me han granjeado unos cuantos kilos de sal y la recomendación de la susodicha de que coma rabos de pasas para la memoria y así no vuelva a olvidarla cuando vaya a la compra. Tampoco quiero recordar las muchas ocasiones en las que, con el alcohol como aliado y el ambiente de los bares jugando a mi favor, una actitud insistente por mi parte ha conseguido que sea nombrado un cojonera-fly-man pero sin otra recompensa que la de poder ostentar el título y los honores que ello pueda comportar.

Como digo, los antecedentes y la recomendación enfervorecida de mi cuñao me convencen de, antes de aplicar la técnica, intentar observar si otros la usan y qué resultados les da a ellos por lo que me pongo a rastrear lo que se cuece al respecto y, tras cinco horas de lectura de tuits sobre el follow/unfollow, que si no llega a ser por la recomendación de mi cuñao hubiera pensado que se trataba de una expresión sexual, he llegado a las siguientes conclusiones:

  • El 100% de los que lo practican tienen apariencia de gente normal, lo que confirma que no hay que fiarse de las apariencias.
  • El 77,7% de los que lo reciben muestran su total disgusto por resultarles molesto.
  • El 35,3% restante opinan que yo de matemáticas ando un pelín flojucho.
  • El 32,3% que realmente queda no están tan disgustados como los otros sino mucho más, a juzgar por los apelativos henchidos de cariño con los que califican a los que practican el guadianismo followense en Tewttre (debería usar la wikipedia para ver cómo coño se escribe esto, lo sé).
  • Todos los casos que he podido observar de follow/unfollow (sé que no tiene nada que ver con el sexo pero a mí escribirlo me está poniendo palote, las cosas como son) han terminado en bloqueo. La mayoría se quedan ahí pero hay un cierto número que, además, van acompañados del deseo de una guantá con toda la mano abierta (que estimo no se trata de un saludo afectuoso).
  • El 94% de los tuiteros saben perfectamente en qué día viven (esto no tiene absolutamente nada que ver con el follow Guadiana pero, oye, ya que tanto se esfuerzan en manifestarlo habrá que reconocerles el mérito o algo).
  • Un altísimo porcentaje usan signos raros (como :-_____), <3, :-(...) que sigo sin saber qué significan pero que estudiaré a fin de desentrañar porque me da que ahí hay algo. Esto tampoco tiene nada que ver con followear/unfollowear (madre mía, cómo me estoy poniendo, voy a darme una ducha fría después de escribir esto) pero ya que estamos lo pongo.
Visto lo visto, he soltado un suspiro de alivio por no haber hecho caso al mendrugo de mi cuñao (algún día le preguntaré a mi hermana qué narices ha visto en este tiparraco porque no acabo de descubrirlo). Seguiré, pues, con la técnica de responder hasta que alguien se apiade de mi soledad y decida seguirme. Sí, es posible que la lástima no sea la mejor de las motivaciones en esta vida pero, oye, a ver quién es el guapo que renuncia a una noche de pasión sólo porque le ha llegado por lástima, así que yo no voy a renunciar a un follower sólo porque se apiade de mí.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Día 504. Buscando Respuestas.

Va siendo hora de ponerme las pilas. Ha pasado demasiado tiempo sin que haya usado esto del Tritter (casi pero me da que no) y necesito quitarme el óxido si quiero triunfar y sacarle tanto partido como parece que le sacan los avispados.

Los informáticos del curro, siempre tan amables los puñeteros, me han comentado que si me acordaba que necesitaba tener seguidores para que lo que escribiera lo leyera alguien. La cara de desolación que he debido poner ha debido ser grande porque, entre carcajadas, me han dicho que intente interactuar para que me sigan. Sin duda eso es lo que me interesa del programita este del pajarraco, interactuar. Vamos, echarme algún ligue e interactuar con ella todo lo que pueda. Supongo que estos cretinos me conocen lo suficiente como para saber lo que pienso pues se han dado mucha prisa en aclararme que lo de interactuar no tiene nada que ver con asuntos sexuales. Las decepciones se me acumulan y me doy cuenta de que lo del sexo no tiene mucha prédica en Tumiter (no lo veo claro así), no sé yo si aguantaré mucho al bicho ese.

Me aclaran que interactuar es responder y que, si quiero ganarme seguidores, intercale respuestas con tuits de cosecha propia. Me advienten ("porque tú eres más bruto que un arao", me dicen) que tenga algunas cosas en cuenta para que mis respuestas (replis lo llaman los frikis estos) me abran las puertas a torrentes de enfervorecidos seguidores que harán de mi cuenta un rico vergel de distracción (os juro que me lo han dicho tal cual los pedantes).

Después de tres cuartos de hora escuchándolos he llegado a la conclusión de que:
  • No te excedas corrigiendo a la gente o saliendo por peteneras porque, si lo haces te transformas en un mongoreplicante igual que los gremlims si comen después de media noche (las once en Canarias, supongo).
  • Si protestas o insultas eres un Jater y te condenan al silencio o, peor aún, al bloqueo.
  • Procura no hacer muchos replis de esos al mismo porque entonces eres un pesado de tresmil pares de cojones y te vas a quedar para vestir santos.
  • Hay que intentar ser conciso, gracioso, ingenioso, cercano, amable, locuaz y, si te pilla bien, tener un unicornio rosa tampoco está de más.
  • Parece ser que decir "sígueme y te sigo" es la manera más eficaz, rápida, contundente y certera de ganarte un sitio de honor en el ostracismo más miserable.
Visto lo visto, me apresto a hacer mi primer repli. Intento buscar un tuit al que responder y, en medio de trescientos cincuenta y nueve "Buenos días", encuentro, al fin, a alguien que parece poner el foco de atención en algo diferente: necesita un café. Me siento mal por no poder ofrecérselo y, en medio de la angustia que me produce no poder solventar su perentórea necesidad, logro darle a la flechita que me abre el horizonte a una respuesta. Escribo: "Ya he quemado tres modems intentando enviarte el café pero es echárselos y se me queman". En dos minutos recibo la agradable sorpresa de ver cómo se me notifica que la aludida me ha retuiteado, ha marcado como favorito y se ha dignado a contestarme.

Lo cierto es que me ha emocionado la cosa. En mi memoria queda grabada cada letra que ha escrito para mí en su tuit: "JAJAJAJAJAJA <3". La última parte es la que me resulta confusa, debe tratarse de un lenguaje especial que tendré que consultar con mi cuñao o con los informáticos pero de la primera deduzco que mi comentario ha sigo tomado en broma y prefiero no aclararle que, en realidad, sí he intentado enviarle café echándolo sobre el modem y el resultado ha sido realmente desalentador. Prefiero que piense que soy gracioso a que se dé cuenta de que soy un total inepto para estos menesteres informáticos. Por suerte, no se me ha ocurrido mandárselo por el móvil.

Satisfecho por mi gran logro, me olvido de los seguidores de los tuits y hasta de mi madre. He conseguido responder y hasta hacer reír, un buen comienzo. Decido no forzar la máquina (más que nada porque no me quedan más modems que quemar con café) y dejarlo reposar hasta otro día en el que, me lanzaré a tuitear y responder para conseguir seguidores.

martes, 11 de noviembre de 2014

Día 497: El Hijo Pródigo.

Había abandonado por completo mi aventura tuitera por la desilusión de no enterarme absolutamente de nada pero mi cuñao, que es un lince ibérico de los que ya no quedan, ha venido a casa a gorronearme cervezas, rectificar toda la instalación eléctrica del domicilio y a reprocharme mi abandono en Tururiter (¿Era así? No creo).

Me comenta que es muy frecuente que, al principio, uno se despiste y que es al regreso cuando se le coge el tranquillo a la cosa. Fíjate tú que, sin saberlo, me he comportado como un auténtico profesional en esto del tuiteo.

Con nervios inusitados, abro el programita en el móvil (que es lo que mi cuñao llama App) y apenas reconozco lo que veo. Una campana, un sobre, un tipo con un signo más en la oreja, una lupa y unos puntos suspensivos hacia arriba, como empalmados o algo así. Pensando que el asunto sexual tiene que estar en esos puntitos le doy y se me despliega un mundo de posibilidades bajo mi fotito (que no he cambiado en mi tiempo de ausencia). Listas, Borradores, Cuentas y Configuración. Es notable cómo algunos son capaces de escribir en chino con caracteres occidentales.

Me voy a Listas porque, ya puestos a buscar féminas, mejor que estén dotadas de inteligencia pero la decepción llama a mi puerta cuando el móvil, con su habitual fría indiferencia, me dice sin inmutarse que no tengo listas a mi disposición. Sin apenas llorar, le digo con tono nervioso que, ya que no me ofrece listas, por lo menos me diga dónde pillar tontas pero se ve que el reconocimiento de voz es algo que no tiene instalado el aparatejo este.

Superando este fracaso inicial, decido ser pragmático y acceder a Cuentas para ver mis saldos y mis últimos movimientos mientras pienso que es un detallazo que Truwinter (creo que van por ahí los tiros) permita revisar las propias cuentas. Otra nueva decepción se cierne sobre mí al percatarme que de eso nada. O soy muy torpe, que puede ser, o realmente han escondido la información bancaria entre opciones sinsentido. Lo dicho, el que escribe chino aquí se ha lucido en todo su esplendor.

Asqueado, le doy a mi fotito, junto a la que aparece mi nombre y se me despliega una ventana en la que aparece por arte de magia, que he escrito 17 tuits, siguiendo 138 y seguidores 0. Entre lágrimas, recuerdo al huevito que un día me siguió, supongo que se cansó de esperarme y pensó que había fallecido o algo. Me imagino la dolorosa escena de un huevo yendo de cementerio en cementerio buscando mi tumba para depositar algunas flores ajadas después de deambular de acá para allá para no lograr encontrarme.

Lo que no acabo de entender es que, a esta ventana, el móvil se emperra en llamar "Perfil" si en mi fotografía aparezco de cara. Tal vez sea una exigencia, tendré que averiguarlo.

Abatido por la tristeza por la pérdida de mi huevo... bueno, más bien por la del huevo que me seguía que tampoco he llegado a ningún tipo de semicastración ni nada por el estilo, decido dejar reposar el reencuentro. Mañana será otro día aunque si es como el de hoy poco futuro le veo a esto de ejercer de hijo pródigo, la verdad.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Día 23: La cosa se moviliza y se complica.

He tenido que recurrir a los informáticos. No me ha quedado otro remedio si quería instalar el Turister (me da que no es así tampoco) en el teléfono al que, por cierto, he tenido que volver a enchufar tres veces en los últimos dos días porque la batería le dura un suspiro. Dos horas de carcajadas después de haberles comentado mis andanzas por los dibujitos (sí ya sé iconos pero es que no me acostumbro), los mamones han accedido a instalarme el pajarraco azul y todo su mundo de luz, color, fantasía y tuits. Después de un graciosísimo: "Hala, ahora no lo rompas" me han devuelto el teléfono y en la pantallita he visto, entre lágrimas de emoción e incredulidad, la imagen del pajarito azul.

No he podido contenerme y lo he abierto inmediatamente, esperando encontrar mis tuits y los de aquellos a los que con tanto fervor me puse a seguir (estos sobre todo son los que tienen avatares de formas femeninas sugerentes). La cosa no ha empezado a pintar muy bien cuando lo he abierto y ha empezado a sugerirme que añada a mis amigos (como si tuviera de eso, cuando lo más cercano es mi cuñao y a ese no lo vuelvo a meter en mi cuenta ni loco) y que diga a los cuatro vientos dónde me encuentro (cada día me convenzo más de que esta red social fue creada por una panda de cotillas que se aburrían y pensaron en la mejor forma de conocer vidas ajenas hasta en los mínimos detalles).

Si pensaba que ahí terminaba todo, estaba muy equivocado. Cuál ha sido mi sorpresa cuando he podido apreciar, no sin gran disgusto, que las cosas del Twilter (la versión china tampoco me convence) en el móvil son completamente diferentes al PC. Uno espera que, al usar un mismo programita va a encontrarse con iguales elementos independientemente del aparato que use para acceder pero se ve que los programadores tienen tantas horas libres y tan mala leche que han optado por vivir llevando la contraria a la lógica.

El "inicio" sigue siendo "inicio", todo hay que decirlo, pero resulta que la arrobita del "conecta" ha desaparecido en el móvil, sin dejar rastro, llevada por los vientos del capricho de los programadores. Tras tres cuartos de hora tocando la pantallita, me he dado cuenta de que la arrobita se ha convertido en campana y ya no es "conecta" sino "notificaciones" pero es lo mismo, creo. Luego hay una pestañita que pone "Actividad" que no sé muy bien qué hace ahí pero parece ser que te explica hasta el faveo más insignificante de la gente que tienes rondando por tu cuenta (los programadores deberían hacerse mirar su afán de cotilleo). Escribir un tuit se hace desde abajo (nada desde la esquinita superior derecha del Pc) y, al menos, el sobre lo han dejado ahí visible con la misma inutilidad que en el PC.

Voy a tener que dedicar un buen rato a irme acostumbrando a tanto cambio e innovación aunque, por lo que he podido leer, a la gente no le suele hacer mucha gracia las innovaciones con las que actualizan Twirtle (esto me suena a una peli de bichejos verdes peleones más que a un pajarillo azul). No sé si a mí me acabarán convenciendo.

martes, 10 de diciembre de 2013

Día 22. Estrenando el móvil (2)

Lograr encender el cacharrejo este y acordarme del PIN ya me parecía un logro significativo pero esto de enfrentarme a un manual de instrucciones que ocupa 947 páginas, viene en setenta idiomas, incluido el swahili (que supongo que será un mercado en alza el de los móviles allí), con una letra diminuta y unos gráficos en blanco y negro de fotocopia mal hecha ha terminado por derrumbar mi ánimo.

He tenido que buscar hasta dar con el español (que lo han escondido bastante los muy espabilados) pero, al fin, me he enfrentado al uso y disfrute de mi teléfono en la lengua de cervantes (al menos en apariencia). Resulta que este teléfono tiene una pantallita llena de dibujitos que, como no quedaba muy técnico llamarlos así decidieron bautizarlos como iconos (aunque yo por icono siempre he entendido un cuadro de la virgen o los santos así con pan de oro y tal). Bueno, pues que tiene iconos que tocándolos con el dedo abren aplicaciones (los programas de toda la vida de dios) que hacen que el teléfono haga de casi todo. Son las famosas APPs (de nuevo hay que inventarse nombrecitos para que parezca tecnológico).

Sirve para escuchar la radio, música en mp3, ver películas en mp4, jugar a juegos en mp5, hacer carambolas en mp6, retocar fotografías en mp7 o acabar con tu paciencia en mp8 (no entiendo eso del mp que ponen, creo que es evidente). Por lo que se ve, según el manual, he sido el tipo más inteligente del mundo al adquirir un pedazo de terminal (espérate que ahora me aterrizarán aquí los aviones que no les quepan en el aeropuerto de Castellón) capaz de hacer fotografías de chorrocientos megapíxeles, conectame a internete, mandar dibujitos (que cuando los envías ya no son iconos sino smiles, hay que joderse) y conectarse a las redes sociales (que esto es lo que más me interesa en estos momentos cruciales de mi vida).También lo puedo sumergir en el agua sin que se estropee, algo que me parece tremendamente útil por si un día, haciendo submarinismo, me surge la necesidad de llamar a alguien desde el fondo marino para contarle lo bonito que es un boquerón que se me ha cruzado por delante. Si algo tiene la tecnología, es que nos facilita poder realizar este tipo de actividades tan cotidianas como necesarias.

Pero, como yo voy a lo voy, empiezo a mirar entre los dibujitos (iconos, leches) a ver si veo el pajarraco azul aunque sin mucha esperanza porque ya sé que tengo que instalarlo (a ver dónde consigo huevos de pájaro azul para meter en el móvil este). De camino en mi búsqueda y sin querer, he hecho diecienueve fotografías al suelo, he escuchado quince canciones de tipos que ni conozco, he visto cuatro vídeos, dos presentaciones de power point, me he enterado del tiempo que hace en Cuenca (que creo que es algo que un buen tuitero debe conocer), he descargado la bibliografía completa de Benito Pérez Galdós (que anda que no escribía el jodío), he sabido en qué lugar exactamente del planeta me encuentro (con una aproximación de 300Km), he conducido un cochecito de carreras y me ha sonado media docena de veces la alarma. Todo esto sin contar con las tres notas que he escrito sin querer ni criterio ni las cuatro citas que he establecido en un calendario de Google todavía no sé ni con quién ni dónde, aunque me llegará al correo un aviso de cada una de ellas.

Eso sí, del pajarraco azul no he encontrado ni una mísera pluma. Temo que tengo que llamar a los informáticos, con lo que me fastidia, para que me digan cómo narices se instala eso y, sobre todo, cómo diantres llamo desde este teléfono (que eso tampoco lo he encontrado ni por casualidad). Tendré que seguir luchando.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Día 21. Estrenando el móvil (1).

Ya iba siendo hora de pasarme a la tecnología tuitera portátil así que me he decidido a estrenar, por fin, el móvil que llevaba una semana cargando. No voy a negar mi nerviosismo pues esperaba que saliera un teclado de algún lugar escondido pues lo que me vendieron es todo pantalla que, para llamar, ya me dirás tú de qué sirve.

Aprieto, eso sí, un pequeño, diminuto, minúsculo adminículo que, a modo de botón de encendido, encuentro por casualidad en la parte superior del cacharro. Mi asombro es mayúsculo cuando en la pantalla empieza a aparecer un festival de color, luz y sonido que me parece más la introducción de una película que el inicio de un teléfono. Lo cierto es que no me parece un mal principio. Tras media hora, aproximadamente, de musiquita y logotipos reluciendo en la pantalla, me aparece una especie de teclado virtual y el teléfono me pide un PIN.

Nervioso, me pongo a buscar por la casa a ver si me aparece alguna de las insignias de esas de propaganda que hace años me dieron en una promoción de un bar porque, que yo recuerde, otro pin no he tenido en mi vida. Desesperado por no encontrarlo, llamo a los informáticos que me explican que eso de PIN significa "Personal Identification Number" y, aguantándome las ganas de llamarlos frikis espinillosos cuando se me han reido a carcajada limpia, me he despedido lo más dignamente que he podido. Como no he querido que me siguieran humillando, he decidido averiguar por mi cuenta qué diantres es eso. 

Por lo que he deducido, se trata de un número y he imaginado que lo tengo que elegir a fin de que la seguridad sea completa. Así que he puesto: "4321" (no soy tan estúpido como para poner "1234") y he pulsado el Ok. Por lo que se ve, algo he hecho mal, así que he repetido la operación pero el teléfono se empeña en decirme que me equivoco al elegir ese número. No sé quién ha diseñado esto pero me tendría que explicar por qué sabe que me equivoco eligiendo un número que yo quiero. Vuelvo a intentarlo (esta vez gritándole al terminal que no me toque las narices que parece ser muy efectivo en este tipo de situaciones) y logro un cambio radical. Se ve que el teléfono se ha dado cuenta de que no puede negarme el PIN que a mí me gusta por lo que cambia de estrategia y me pide el PUK. 

No sé de qué va esto, la verdad. Si ya lo del PIN rozaba la ingeniería genética, esto del PUK me parece ya ingeniería aeroespacial de la buena. Llamo a la compañía, desde el fijo, por supuesto, y tras media hora de musiquita horrorosa, una señorita (que se identifica como Leonora Smith Rodríguez y que me parece que me está hablando desde una piscina en Punta Cana) me explica que ese tal PUK es un numerajo que aparece en la tarjeta que me han dado en la tienda junto al móvil. Busco tal tarjeta y resulta que es una especie de rasca y gana y, en lugar de un regalo sorpresa, lo que pillo al pasarle la monedita son los números que con tanto empeño me pedía el móvil. Introduzco con cuidado los doscientos dígitos del PUK (el cabrón está hecho para que te equivoques, fijo) y, con lágrimas emocionadas, el cacharro decide funcionar poniendo un fondo otoñal y unos cuantos iconos que desconozco completamente. 

Hoy no doy más de mí. Mañana revisaré el manual de instrucciones a ver si saco algo en claro. Una nueva decepción, un nuevo berrinche y hoy ni siquiera he entrado en Tutwitre (estoy ahora como para averiguar cómo se escribe). Esto es desesperante.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Día 20. El cuento de nunca acabar.

Pensaba que con un ordenador y un poco de ingenio ya podía tuitear. Nada más lejos de la realidad.

Por lo que voy viendo de los que son considerados grandes en el mundillo de Twieter (creo que me voy acercando), es imprescindible tener algunas cosas más. Una cámara de video, una de fotos, un amplio conocimiento de concina, sociedad, música, política, leyes, sexo, bricolaje, crítica literaria, física cuántica, trigonometría, ingeniería espacial, papiroflexia. Además necesitas tener una mascota aunque no es inconveniente tener varias de formas, tamaños y colores variaditos y enternecedores. La ropa es conveniente que esté a la última, por lo que unos conceptos de moda tampoco vienen mal y ya si la ropa interior es de marca y capaz de marcar determinados volúmenes ya es la leche.

Consternado he ido a mi armario. Si excluimos la ropa de mercadillo y la de los chinos, me queda una camisa para las bodas y un un pantalón corto que me regalaron por mi cumpleaños. Me da que esas prendas no logran compaginarse lo suficiente como para constituir un conjunto tuitero aceptable. Revisando el acjón de los calzoncillos, lo más cercano que encuentro a ropa interior molona es un bóxer slip ajustado de la marca Clavín Kein (por supuesto adquiridos al módico precio de 2,90€ en el mercadillo hace un par de meses) de color narajan fosforito con pequeños motivos ilustrativos de un cerdito la mar de gracioso. No he querido, ni siquiera, probármelos por aquello de que no me apetece confirmar mi sospecha de que tampoco tengo volúmenes sugerentes que realzar.

Pero estoy dispuesto a triunfar y vencer al jodido pajarito azul con otras armas que con un físico espectacular del que carezco. Decido, pues, atacar por el flanco del conocimiento, del ingenio, de la sabiduría que acabe por hacerme merecedor de la admiración de tuiteras y tuiteros de postín. Necesitaré, eso sí, ejercitar la mente con esmero y tesón.

Por eso, he dedicado el día a aprovisionarme de tres enciclopedias, el libro gordo de Petete, dos antologías del chiste español, media docena de cintas de Arévalo, cuatrocientos veinte documentales de la 2 y un peluche por si tengo que hacer una foto de una mascota con una frase profunda. Cuando he visto ante mí tanto cachivache, he perdido la ilusión, otra vez. Esto va a ser arduo pero espero que mis esfuerzos se vean rencompensados algún día.




martes, 3 de diciembre de 2013

Día 19. Joder ¡Que se mueven!


Si lo de las fotos de Twister (¿Esto no era un baile?) ya me tenía un poco alucinado, hoy mi asombro ha crecido un poquito más. Resulta que he visto que un usuario ha colgado un vídeo. Ya es rizar el rizo.

Una cosa que se llama Vine parece que sirve para eso. Son cortitos y, en no pocos casos, inquietantes. Estos tuiteros ya me parecían gente un poco rara pero viendo cómo se empeñan en colgar peliculitas en las que chillan, ríen y hacen sus cosas de tuiteros acaba dejándome perplejo. Pero también me da envidia, yo también quiero dejar escapar libre mi imaginación y poder mostrar al mundo un corto de unos segundos digno del mismo Amenábar.

Saco del trastero mi cámara de vídeo: una magnífica Sony de esas de cinta que puedes poner directamente en el vídeo VHS con el adaptador que venía en el lote. La coloco en el trípode, me pongo en el sofá, cojo un gato de los chinos de esos que mueve el brazo para que haya un elemento felino que es algo que se agradece en la red del pajarito azul y, después de carraspear un par de veces, le doy al mando a distancia para empezar la grabación.

Primer plano del brazo del gato balanceándose. Se abre plano. Aparezco yo, ataviado de forma conceptual, con un sombrero mexicano, una camisa hawaiana, el pantalón de un pijama de Dora la Exploradora y unas babuchas que compré en Marruecos. No sé qué quiero dar a entender con mi abigarrada indumentaria, pero ahí la dejo por si hay quien lo entienda.

Me dispongo a soltar mi mensaje que, espero, llegue a los confines del mundo: "Una mujer tenía un perro y le llamó Mistetas. Resulta que un día lo perdió..." (no voy a poner todo el mensaje, que si no luego nadie ve el vídeo por sabérselo de antemano). Cuando termino, hago una reverencia, se me cae el sobrero. Lo recojo. Voy a coger el mando y tropiezo con el cable provocando una pérdida de equilibrio que conlleva la caída del gato previa descripción de parábola ascendente que sería la envidia de un halcón. Aterriza sobre el sombrero que, al perder su centro gravitatorio, acaba estrellándose en la estantería donde tengo las copas de cristal de vohemía (de 15 céntimos la unidad en el mismo chino que compré el gato y el sombrero) con la consiguiente ruptura del vidrio en tensión y desparrame de cristalitos en una algarabía de sonido y luz.

Reviso la grabación y me doy cuenta de que el mejor momento es justo el de la caída y decido que ese va a ser mi mensaje para el mundo a modo de crítica en la que toda nuestra sociedad está tambaleándose y cayéndose sin remedio (bueno y que he de reconocer que como vídeo de risas por el ridículo ha quedado bordado).

El problema lo encuentro al intentar pasar el vídeo de marras, por más que intento buscar la clavija para conectarlo al ordenador no encuentro nada que se le parezca. Me rasco la cabeza y, depués de ilusionarme con poder hacer algo tan novedoso, vuelvo a caer en la frustración por no saber cómo llevarlo a cabo. Otro día preguntaré a los informáticos, cuando se me pase el berrinche.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Día 18. Después del respiro.

Me he tomado un fin de semana sin entrar en Tarariter (ya sé que no es así pero nos entendemos). Necesitaba alejarme, tomar distancia y pensar qué estoy hacendo con mi vida si siento sudores y temblores cuando no entro a visitar al jodido pajarito azul pese a las decepciones con las que está aderezando mi vida.

Lo cierto es que ya me han dicho que debería probar a usarlo en el móvil y así evitar pasar días enteros sin entrar pero, como me he enterado que las baterías de los teléfonos actuales duran más bien poco, he optado por dejarlo cargando un par de días más (lleva acasi una semana) para asegurarme que me va a durar a pleno rendimiento por lo menos un mes o dos. Soy paciente y le doy todo el tiempo que haga falta para que la batería se llene hasta rebosar.

Después del fin de semana, como digo, vuelvo a entrar, como un yonki de esos que busca su dosis, y comienzo a leer lo que va desgranándose ante mí en la pantalla. El maravilloso mundo del pajarito azul se me va mostrando de nuevo con una interminable retahíla de lastimosas quejas por el sueño, el frío y, sobre todo, por ser lunes. Desde luego, a esta gente parece que les pilla de sorpresa que, tras el domingo, las semanas se empeñen en empezar con un día llamado lunes. Estoy por regalarles un calendario de esos de los chinos que se enrollan como un pergamino. Ahí vienen bien claritos los lunes después de los días en rojo que coinciden con domingos.

Paso rápidamente hacia atrás para ver algo de lo que se ha comentado el día anterior. Curiosamente, me entero del fallecimiento de alguien que debía ser muy famoso, aunque yo no había oído hablar de él en la vida, y se entabla un debate no sobre su figura y aportaciones a la humanidad sino sobre límites del humor, el humor negro y el repeto. Al final, no llego a enterarme qué hizo aquel hombre cuya pérdida les parece muy grande para algunos y para otros supone una oportunidad de oro para hacer chistes. Si lo que se desea es información fiable a lo mejor el pajarito azul te hace sudar un poco hasta que la encuentras y no siempre en abundancia.

Algo me llama la atención entre la maleza que crece entre los tuits. Hay un tuitero que se pone a hablar de los mongos y recuerdo que el otro día mi cuñao me habló de ellos y no quise ahondar en el tema para que no me tocara aguantar la chapa cuñadil mucho rato. De hecho, el tuitero se pone a hacer un pequeño análisis desarrollado en varios tuits, con fotos y todos, y acabo concluyendo que los mongos existen, que te saltan cuando menos te lo esperas y que pueden hacerte rabiar en ocasiones. Vamos, que son como la suegra tuitera que nadie quiere pero que tiene que invitar a comer de cuando en cuando porque así está establecido por ley divina, sólo que aquí puedes tranquilamente bloquearla una vez detectada si el día te ha salido tontorrón.

Me siento importante porque yo ya he tenido casi más mongos que tuits pero, al tiempo, siento que soy un fracaso pues no parece que eso sea signo de excelencia. De hecho, es triste tener más mongos que cybersexo de ese pero es una realidad a la que debo rendirme. Nueva decepción que llorar. Algún día dejaré de entrar para ahorrarme disgustos.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Día 17. Yo vine a Twuistern (o como coño se diga)

Hoy esta siendo un día muy filosófico. Más que entretenerme en las cosas que rodean Tuerestiter (mal que no mejora, empeora), me he dedicado a un profundo análisis de mis objetivos en esta red social. Bueno, realmente he estado repasando las fotobragas de ayer que aún me creo esta bendición del cielo pero no lo iba a soltar así que quedo mal.

He descubierto que hay muchos tuits que empiezan "Yo vine a Titiriter (ellos lo ponen mejor, dicho sea de paso) a..." y cuentan las razones que hicieron que sus caminos acabaran tropezando en la piedra del dichoso pajarito azul. Mirando unos trescientos me doy cuenta de que las razones que te pueden haber arrastrado a esta locura son, en cualquier modo, muy variopintas a la par que curiosas. Los hay que han venido incluso a follar (o al menos eso se deduce de sus tuits) aunque no acabo de ver que consigan tan noble objetivo.

Esta serie de tuits me hace preguntarme: "A ver, chavalín, ¿Qué diantres te hizo menterte en esta locura y por qué sigues merodeando por aquí?" Como soy educado, cuando me pregunto algo procuro contestarme y documentar bien mi respuesta. He iniciado, por ello, la búsqueda de foros, blogs y respuestas en Yahoo para que ayuden a solucionar tan difícil cuestión. También he encontrado dieciocho videotutoriales de latinoamericanos para construir tu propia razón para estar en esta red social. Yo alucino con estos tíos, cualquier día sacarán un videotutorial acerca de cómo se hace un videotutorial (seguro que ya está pero no quiero ni buscarlo por si acaso).

Horas de reflexión, de sudor, de lágrimas (sobre todo esto por estar ante el monitor leyendo algunas letras horripilantemente pequeñas) han acabado con una satisfactoria respuesta que, por supuesto, he plasmado en un tuit que a mí me parece que resume a la perfección mi opinión sobre tan fundamental asunto.

Con mano temblorosa, pensando en mi huevo (el que me sigue, no andemos pensando escabrosamente) y los otros cuatro followers que se me han apalancado en la cuenta, me decido a escribir: "Yo vine a Tuistres a tuitear". Lo envio, me inflo de orgullo y espero que mi sencilla semilla acabe germinando y fructificando por todos los rincones del mundo (curioso que un mundo redondo tenga rincones pero así de loco está todo por aquí).

Media hora después tenía cinco menciones, una por cada uno de mis seguidores. Curiosamente, ninguno se ha parado a comentar la profundidad de mi pensamiento ni sus implicaciones ontológicas. Todos han coincidido en apuntarme que así no se escribe el nombre de la red del pajarito tocahuevos azul. Mi cuñao, que casualmente ha aparecido para ser espectador de mi triunfo tuitero, ha mirado con desdén la pantalla, me ha dado una palmadita condescendiente y me ha dicho sin ningún timpo de emoción en su voz: "Enhorabuena, tienes cinco mongos".

Intrigado por no saber a qué se ha referido mi cuñao, he apagado el ordenador y he sentido la desilución de ver que mi gran pensamiento profundo se ha quedado reducido a un simple comentario rodeado de tuits rectificándolo, perdiendo así todo su valor. Me voy un rato al "rincón de llorar amargamente por los desplantes que me hacen". Mañana no sé si abriré este cúmulo de decepciones.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Día 16. Las fotobragas

Por fin encuentro algo que, así a primera vista, resulta atractivo en Twirten (no me va a salir ni a tiros, lo estoy viendo). Entre los días temáticos, alguien tuvo la genial idea de dedicar los jueves a un inocente y, al tiempo, encomiable asunto como son las prendas interiores femeninas. Por lo que he visto lo llaman los jueves de bragas y la celebración de tan magno acontecimiento consiste en que tuiteras (a ser posible de buen ver y mejor catar) se hacen una foto luciendo su prenda íntima para goce, disfrute y solaz de los espectadores. Es lo que llaman fotobragas (jamás me pude imaginar que pudieran poner ese nombre, es del todo punto sorprendente).

Por lo que he podido observar, este asunto, en apariencia tan inocente, despierta varias posturas bastantes diferenciadas por lo que, en aras de realizar un personal estudio sociológico me he centrado en analizar el jueves de bragas exhaustivamente. Después de varias horas contemplando encajes, puntillas, lacitos y curvas vertiginosas abrazadas por prendas de buen ver he pensado que, para conocer la opinión que suscitan, a lo mejor es conveniente leer también algún tuit al respecto y no quedarme en la mera composición fotográfica.

Como digo, las opiniones son diversas y aquí hay que diferenciar el sexo de quien expone su opinión. Por ello, anoto los resultados en mi libreta atendiendo a este criterio. Deduzco, al fin, después de perder la concentración nueve veces con las fotitos, que:

  • El 100% de los hombres heterosexuales están a favor de las fotobragas. Aunque hay que precisar:
    • El 35% está totalmente a favor, sin restricciones, sin cortapisas, con alabanzas cercanas a lo exagerado.
    • El 40% está más a favor todavía y suele invitar y animar a que las mujeres cuelguen sus bragas (y no precisamente para que se sequen, por lo que se ve).
    • El 25% restante aboga por declarar las fotobragas de interés turístico internacional, hacer exposiciones temáticas y conceder el premio Nobel a quien ideó la iniciativa.
  • El 50% de las mujeres piensa que esto es divertido, liberador y que etá muy bien.
  • El otro 50% dice que son unas putas.
  • El primer 50% dice que las anteriores son unas estrechas.
  • El segundo 50% dice que no hay que ser tan fresca para ser tuitera.
  • El primer 50% dice que las que no lo hacen es porque tienen ropa interior de Bridge Jones.
  • El segundo 50% dice que ellas las enseñan a quien quieren y no a los tuiteros salidos.
  • El primer 50% dice que si no lo quieren hacer que no lo hagan pero que dejen que ellas hagan lo que les salga del toto (término que intuyo que es un eufemismo pero tendré que comprobarlo).
  • El segundo 50% dice que hagan lo que quieran pero que ellas son libres de opinar que son unas putas.
  • El ciclo se repite.
De todo esto concluyo que, como hombre, tengo que estar a favor de las fotobragas y que todo esto pasará mañana pero que hoy está entretenida la cosa.

Viendo unas fotitos de estas empiezo a entender por qué gusta Turter (que no, que así tampoco es).

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Día 15. Cuestión de complementos: Instagram

Cada día me asomo con mayor temor a esto de Turuter (que te vi) porque no sé cómo voy a asimilar las novedades con las que me vaya encontrando. Hay que reconocer que este mundo de los megas, las redes y las wifis tiene la especial virtud o el terrible vicio de revolucionarse cada dos por tres (seis) con novedades y con cachivaches virtuales que acaban enredando la madeja sin medida ni límite.

Por lo que he podido entender en dos o tres horas de paciente observación, es erróneo pensar que basta con escribir tuits y hacer retuises y tal para poderte considerar un tuitero completo. La energía comunicativa, el afán por transmitir al mundo toda la sabiduría que su alma contiene y el proporcionar solaz y diversión por doquier impulsan al tuitero a ensanchar las estrechas fronteras de los ciento cuarenta caracteres y le impulsan a enriquecer su aportación con complementos que se entienen casi necesarios para tuitear.

Por un lado están las fotos. Para éstas, además de cámara, necesitas algún programa para retocar patas de gallo, añadir filtros (como al café), poner un texto significativo, pixelar la cara o añadir alguna nota jocosa a la fotito que quieres mostrar. Además, según parece, existe una especie de Tweter (uyyy, casi, casi) pero para fotos. Lo llaman Instagram y, movido por la curiosidad, he ido a mirar qué se esconde allí y, por un momento, no he sabido si estaba viendo una red social de fotografías o el menú de un restaurante. Tres cuartos de hora viendo la mayor variedad de platos de una u otra índole que han terminado por convencerme de que me estaba muriendo de hambre.

Después de comer he seguido investigando y, por lo que he visto, no sólo hay comida en Instagram, también hay gatos. Muchos gratos. Muchísimos gatos. De todos los tamaños y colores, en diversas poses adorables. A decir verdad, he visto uno que no sabía si era un gato o una rata hasta que las explicaciones que daba su dueña, embargada por el cariño, han aclarado la cuestión: era una rata que a ella se la vendieron como si fuera un gato y en tan errónea percepción sigue viviendo.

Echando un poco la vista atrás me he centrado en otro grupo de fotografías (se ve que esto va de colecciones temáticas). En esta ocasión se trataba de pies. Pies que, como los gatos, los había de todos los tamaños y colores (desde el blanco lechoso hasta el negro zaino). Pies y más pies, aunque éstos no me han resultado tan adorables como los gatitos ni he visto a sus propietarios tan orgullosos. De hecho, uno me ha llamado poderosamente la atención pues mostraba unos pies que no he sabido, tras mirarlos atentamente durante media hora, si eran los suyos propios o las garras de un águila imperial que tenía por mascota. Toda una incógnita.

Por supuesto no faltan fotografías diferentes pero, para qué engañarnos, son más complicadas de encontrar. Si algún día me decido a abrirme una cuenta en Instagram (joer, esto parece Suiza con tanta cuenta que hay que abrir), tengo pensado hacer una especie de composición con pies, comida, gato (en este caso el del coche que de los otros no tengo) y le añadiré un filtro chulo de esos que haga que parezca que la fotografía fue tomada hace muchos años.

martes, 26 de noviembre de 2013

Día 14. Abriendo el círculo.

Por fin me he decidido. Me he dado cuenta de que marear la perdiz a lo único que me conduce es que la perdiz me acabe vomitando y, aunque la pajaritología no sea lo mío, supongo que no debe ser una experiencia agradable. Así que he optado por tuitear, así, sin leer demasiado, a lo loco, dejándome llevar a ver qué sucede.

Como mi gran número de seguidores en realidad se restringe a la hueva, he creído oportuno empezar a hacerlo usando eso que conocí hace días y que tiene nombre es estornudo en alemán. Sí, hombre, eso de la almohadilla delante: el hashtag porque sé que, quien le dé por pinchar en el nombrecito elegido podrá ver mis mensajes aunque no me siga ni de lejos.

He optado, en primer lugar, por crear uno propio y, tras comprobar en 148 intentos, que ya estaban pillados los que se me iban ocurriendo, por fin he dado con uno que, al parecer, no había sido usado antes por nadie. He intentado que se vea mi predisposición a hacer amistades y, con la esperanza de lograr mis objetivos lo lanzo al mar del Tiutwer (mierda) como si de una botella con un mensaje de náufrago se tratara:
#HolaVoyAPonerCosasParaQueMeConozcáisQueSoyNuevoEnEstoDeTuitearYNoTengoMuchosSeguidoresPorMásQueMeEmpeñoEnConseguirMuchosDeUnaRepajoleraVez

Emocionado por este pequeño paso que, esperaba, me iba a granjear el afecto de cuantos lo buscasen en las Tendencias esas, he ido a probar a escribir un segundo tuit usando el mismo HT (que se así es como lo abrevian lo tuiteros de pro). Ha sido desagradable comprobar que, tras introducir toda esa retahíla sólo me quedaba disponible un carácter de los 140 que se permiten. Me rasco la cabeza mientras medito y llego a plantearme que, a lo mejor, no lo he hecho del todo bien, lo que me convence de que es mejor buscar ya temas usados por otros ya que, en buena lógica, a lo mejor no se le ocurre a nadie buscar el mío por muy original que resulte (o precisamente por ser tan original).

Busco entre los existentes, sobre todo entre los que están siendo usados y veo que hay una gran profusión de tuits erotizantes. Estos tíos son capaces de encontrar la vena erótica hasta a un ladrillo de piedra pómez. Erotizan pueblos, apellidos, películas, series, comidas, bebidas, refranes, animales, flores... Se ve que son gentes que se pasan todo el día dándole a la cosa sexual porque se muestran como auténticos expertos en la materia. Otra tendencia es la del día de la semana, que como tema no es muy original pero hay que admitir que entretenido tampoco resulta. Opto por usar un HT que me puede servir para abrirme las puertas a lo grande #JustinBieber del que no tengo ni la más remota idea pero que se ve que es lo más leído del mundo mundial. Con tembloroso pulso escribo "#JustinBieber es una puta mierda" y espero que me respondan.

Mi plan para hacerme popular ha funcionado a medias. He recibido cuatrocientas dieciocho mil menciones pero todas ellas se han dedicado a resaltar mis muchos defectos, acordarse para mal de mi santísima madre, y defecarse hasta en zonas de mi anatomía que he tenido que buscar en Google para saber si eran reales o se las estaban imaginando. Eso sí, mi cuenta de seguidores ha subido portentosamente ya que otros cuatro se han puesto a hacerme follow y uno de ellos hasta me ha felicitado por mi valentía.

Mientras me siguen lloviendo las menciones que insisten en advertirme que la vida es frágil y que la mía puede estar en serio peligro, cierro esto temblando de espanto y rezando para que nadie descubra donde vivo. Esto no va bien. Nada bien.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Día 12+1 (13 de toda la vida de dios). Megapixeles a porrillo.

Como aún no me he atrevido a intentar instalar Tustwer (buff, esto empeora por momentos) en mi flamante teléfono (antes debo averiguar cómo diantres se enciende (tarea no menos complicada así de entrada), me he dedicado a leer un poco y a aprender a tuitear para poder hacerlo con soltura (el tuitear que lo otro no creo que se aprenda mucho por aquí).

He ido mirando lo que otros han escrito y he descubierto, no sin cierta sorpresa, que parece ser que hay días que se dedican a algo especial. Por supuesto, conocía la temática de los lunes: quejas y llantos como si el universo entero se hubiera convertido en un infierno y sólo el constante lamento pudiera mitigar el daño que produce la maldad de empezar una semana. Sin embargo, no se queda ahí la cosa sino que, con mayor o menor vehemencia, otros días les da a los tuiterianos por hacer algo especial en agradable compañía. Algún día me detendré en este aspecto.

Sí me ha llamado la atención el hecho de que exista la posibilidad de colgar fotitos, unas más artísticas que otras, otras más graciosas, otras horribles como una que se ha puesto de moda de una mujer oronda que parece que le han pisado un callo a juzgar por los ojos que se le van a salir de las órbitas. Por lo que comentan anuncia unas loterías aunque sigo sospechando que, lo que realmente promociona, es una serie de terror o de zombies que tan de moda están últimamente. Esta visión tan inquietante me ha llevado a preguntarle al huevo si no hay forma humana de hacer que no se vean las imágenes porque, para qué vamos a engañarnos, algunas pueden fastidiarte el día, la semana y, si me apuras, el mes entero. Solícita y eficiente, mi consultada me ha mostrado el modo de filtrar esas imágenes (pasos que he dado sin saber exactamente lo que hacía y que dudo mucho que pueda repetir jamás). El resultado ha sido, cuanto menos, decepcionante. Resulta que, filtrar imágenes "sensibles" es, según Twliter (mmmm. no, no me convence así tampoco), ocultar unas tras un botoncito que tienes que autorizar para descubrir un gatito, una comida o un paisaje agreste mientras que, al dichoso filtro, se le escapan tetas y culos (lo cual no es que me moleste, precisamente) y vísceras sangrantes, seres monstruosos y penes por doquier (esto ya resulta menos agradable). No acabo de entender el criterio pero, al menos, se ha quedado un poco despejado mi TL lo cual me permite regodearme bien regodeado de imágenes sucesivas de la señora gorda de ojos saltones y boca terrible.

Sí he notado que abundan las mascotas. Creo que voy a tener que hacerme con algún animal al que hacer fotografías porque todo el mundo lo hace, algunos con encomiable insitencia. Perros y gatos son las estrellas tuiteras así que, es muy probable, tendré que adoptar una mascota. Mis dudas se centran, sobre todo, en si adoptar un hurón o una comadreja que me parece a mí que, de entrada, dan buen juego. Tendré que sopesar las opciones antes de tomar tan trascendental decisión.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Día 12. Eligiendo teléfono.

Pese a mis reticencias, al final me han convencido para que me haga con un nuevo móvil que me permita tuitear a diestro y siniestro. A raíz de conocer esta posibilidad de la moderna telefonía me he fijado y he descubierto a bandadas de gente que son un auténtico deleite para los fisioterapeutas dado el grado de encorvamiento con el que caminan para no perderse detalle de lo que sucede en sus pantallitas. También sospecho que algo tendrá que ver algo que llaman Guasap pero en el que no he querido profundizar que bastante liadas tengo las cosas ya con Twiriter (este es apropiado para los días de frío pero me da que tampoco se ajusta a su nombre original).

Con paso firme he entrado a una tienda de móviles y he procurado aparentar que tenía bien claro lo que es estaba buscando, a fin de que no intentaran timarme que me han dicho que hay algunos en estas empresas que te la meten doblada y esto es algo que, a fecha de hoy, me hace bien poca gracia.

Tras unos minutos mirando su ordenador, el dependiente me ha dicho que tenía acumulados cincuenta y ocho millones trescientos catorce mil novecientos trece puntos por no haber cambiado de móvil en todo el tiempo que llevo en la compañía. Alucinado ante tamaña suma, le he preguntado que qué me dan por tanto punto y, sin perder la sonrisa, me ha contestado que puedo acceder a los últimos terminales sólo con pagar una pequeña cuota mensual durante los próximos dos años. Al oír esto me he dado cuenta de que los llaman "terminales" porque, realmente, terminan con tu cuenta bancaria a golpes de pequeñas cuotas.

Ante mi estupefacto rostro, ha dispuesto cinco modelos distintos. Ha empezado a cantarme maravillas teléfonicas que se pueden conseguir con cada uno de ellos. Con unos podía hacer fotos chulísimas, con otros podía hacer videollamadas para flipar (este debe ser un término sumamente científico pues lo ha aplicado a todos los terminales), con otros podía navegar a altísima velocidad gracias a la tecnología 4G (algo que me ha maravillado porque, jamás he sido capaz de encontrar el punto G y que te pongan cuatro pues como que facilita mucho la labor). Me ha hablado de ancho de banda, de autonomía de la batería (algo que no me hace gracia en principio pues no la quiero que sea tan autónoma que pase de mí a la primera de cambio) y de no sé cuántas cosas más.

Gracias a la claridad de sus explicaciones al fin le he formulado dos simples preguntas que son las que no he acabado de entender en toda su verborrea. La primera, evidente creo yo, ha sido: "¿Y para llamar sirven o eso hay que contratarlo aparte y con otro chisme de estos?" Me ha tranquilizado enormemente la rotundidad con la que me ha asegurado que sí, que rebuscando un poco entre todas las aplicaciones del teléfono es posible encontrar por casualidad la opción de llamar.

La segunda de mis dudas, esta más centrada en lo que me interesa, es "¿Tiene Tuintre?" (sólo se la he tenido que repetir seis veces hasta que me ha entendido pero no se lo voy a tener en cuenta). Por lo que se ve eso no lo trae ningún teléfono y, cuando me he puesto a gritar como un poseso porque yo lo que quiero es que tenga de eso y no lo ofrecen porque no les interesa, se ha apresurado a aclararme que esa es una aplicación que me puedo descargar e instalar (ya verás tú lo que tardo en hacer todo eso sólo porque al niñato ese no le sale de la real gana hacerlo).

Tras tres horas de debate interior, me he decidido por un teléfono grande y lustroso, sin botones (algo que me inquieta porque no sé cómo narices voy a marcar el teléfono del telepizza o del Club Momentos) y que parece ser lo mejorcito que se ha hecho en mucho tiempo.

Con los nervios de un colegial he llegado a casa y he puesto un tuit anunciando mi modernización, a lo que el huevo me ha contestado en unos minutos diciéndome que cómo se me ocurre coger una mierda de Android pudiendo haber excogido otros mejores y que ya veré como me arrepiento. Esto me ha sonado a amenaza y me he sentido triste y abatido. Quiero dejar de entrar aquí y, sin embargo, no puedo dejar de hacerlo por alguna extaña razón que no alcanzo a entender.