jueves, 26 de febrero de 2015

Día 579: Plantillas a troche y moche.

Intrigado me dejó el informático con eso de los tuits plantilla por lo que, en un arranque de humilde ignorancia propio de las grandes mentes que perlan la Historia del Pensamiento, he decidido ir a que me explique de qué diantres estaba hablando.

Como no quería parecer un ignorante absoluto, no he entrado en el departamento de informática preguntando: "¿Qué narices es eso de un tuit plantilla?" y he optado por iniciar la conversación con una pregunta que pudiera hacerles creer a los simpáticos gafapasta esos que sabía por dónde me daba el aire. Así que les he espetado: "¿Y vosotros los tuits plantillas los usais para pronadores o supinadores?" La carcajada me ha hecho sospechar que, tal vez, había alguna lagunilla en mi elaborado plan para aparentar saber qué terreno pisaba.Entre lágrimas y toses, los alegres muchachos de los megas y los teras me ha explicado, al fin, a qué diantres se refieren cuando te sueltan lo de las plantillas y, a juzgar por sus palabras, poco o nada tiene que ver con el pie, sus formas, su huella o sus olores.

Por lo que se ve, un tuit plantilla es cualquier frase, diálogo o expresión susceptible de, con las convenientes modificaciones, producir un hilarante tuit que haga las delicias de cuantos se asoman a bajo las alas del pajarito azul.

He abierto un rato Tutwier (no, definitivamente así no es) y me he dedicado a buscar esos afamados tuits plantilla y, la verdad, la decepción ha sido mayúscula.

Pensaba que había cientos y cientos de escritores con sus libros bajo el brazo y resulta que no deben ser tantos, pensaba que, al fin, Íñigo Montoya estaba a punto de vengar la muerte de su padre pero he descubierto que ni todos los que se autoproclaman Montoya ostentan tal apellido, ni la tan esperada venganza está tan próxima como esperábamos con confiada alegría. Cientos de miles de "te quiero" obtienen respuestas que, por lo visto, no están basadas en hechos reales lo cual es una auténtica desilusión pues ya iba yo a preguntarle a uno si su historia de amor había fructificado después de recibir por respuesta a su requiebro de amor un "su tabaco, gracias". He de reconocer que lo de "Dadme un punto de apoyo que llevo ya doce gin-tonics" muy a Arquímedes no me sonaba pero como no me sé al dedillo la vida de tal personaje a lo mejor el hombre le daba bien al bebercio y la traducción ha sido actualizada para ser entendible en la actualidad. Pero no, tan falso esto como todo lo demás. Desilusión tras desilusión me ha pasado como al pobre Lázaro cuando despertó de su inocencia a golpes contra la piedra. Todo es una falsedad tras otra aprovechando un diálogo de una película o una frase conocida de cualquier libro o filósofo.

Una cosa que sí he observado es que, por lo general, ciertos tuits plantillas pueden darte pistas de lo que pasa alrededor. Si ves que hay mil o dos mil que empiezan diciendo "Me llamo Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejercitos del norte..." ya puedes sospechar que, en algún canal de la tele están poniendo Gladiator o, si te sueltan una retahíla de nombrecitos para rebautizar el aeropuerto de Madrid, ve buscando entre las esquelas que algún famoso ha pasado a mejor vida. Porque otra cosa no, pero los tuiteros saben exprimir cada oportunidad que les brinda la vida para sacar a relucir su gran agudeza, saben exprimir la vida y sacarle el jugo para confirmarte, en cientos de tuits, que si la vida te da limones puedes poner una frutería.

Decidido a sacar algo de provecho, me decido a escribir al dictado de los tuits plantilla. Tres horas de pensamiento profundo y cara de estreñimiento no me han permitido hacerlo aun pero no pierdo la esperanza, mañana se me ocurrirá alguno y, por fin, me lanzaré a recoger las mieles de los followers que, en multitud abrumadora, se agolparán tras mi cuenta. O eso o me daré contra un muro, que es lo más probable.

martes, 10 de febrero de 2015

Día 569: (¿He dicho 69 mmmm?) Antología de grandes escritores.

Una de los grandes descubrimientos que he hecho en Tuinter (pues va a ser que no es así como se escribe) es que existe toda una pléyade infinita de escritores que cuentan con infinitos libros publicados. Es frecuente encontrarse con un tuit que comienza con las palabras mágicas "En mi libro..." para ofrecernos a continuación su título y, cómo no, un brevísimo resumen del contenido que él se nos ofrece cual perlas de sabiduría puestas en negro sobre blanco.

Lo cierto es que los libros despertaron mi interés el día que me dijeron que son como un conjunto de muchos tuits puestos unos detrás de otros e, incluso, contando una historia completita con personajes y todo. Mira tú cómo llega uno a enterarse que Cervantes era capaz de tuitear mucho y siendo manco. El ver la retahíla de títulos y temas que se despliegan por mi pantalla del móvil me ha descubierto la gran cultura que se esconde bajo la aparente banalidad del pajarito azul.

El primero que me ha despertado curiosidad es uno titulado "El arte de concretar" en el que, según explica su autor, "se enseñan muchas cosas". A partir de ahí, todo ha sido un frenético apuntarme una lista con cada título que se me presentaba en los diferentes tuits. En media hora he recopilado unos treinta y siete títulos y, a falta de autor reconocible, he apuntado los nicks de los usuarios que han hablado de sus libros. Con esa lista ha comenzado mi labor de investigación.

Tres horas he navegado por páginas como Amazon, La Casa del Libro, El Librero Online, Libros a Troche y Moche, Descargalibros, El Templo del Placer, El Anaquel de la Abuela, Zorritas en tu Barrio, Youporn, Series Horse Luis, Biblioteca Nacional, Jovencitas Expertas, Todocoches, Todolibros, Todoseries, Todotodo y Anal Intruder (no preguntéis cómo he llegado a esta ni lo que he encontrado, por favor). Tres horas que me han llevado a las siguientes conclusiones:
  • Los libros de los tuiteros son más difíciles de encontrar en la red que en la casa de Gran Hermano Vip.
  • Si pulsas al azar cualquier parte de una página cualquiera de Internet, tienes un 109% de posibilidades de que se te abra una página porno.
  • Los libros que te sugieren como "semejantes a tu búsqueda" en las páginas donde venden libros se parecen a los que tú buscas lo mismo que un berberecho a la torre Eiffel.
  • El uso prolongado de internet puede producir sobrecalentamiento, así en general.
Dado el fracaso experimentado en la red en la que todo se puede encontrar menos lo que buscas, me decido por recurrir a medidas drásticas. A grandes problemas, grandes soluciones.

Lo cierto es que la cara que ha puesto la jovencita que atiende en Santos Ochoa cuando ha visto títulos como "De la hostia que te meto vas a bailar sardanas sin descanso" o "Cienmil formas de que tu suegra se suicide sin que parezca asesinato" ha empeorado sobremanera cuando ha visto los nicks de los supuestos autores "Huevipollo", "Arthur Gromenauer" o "Coño Excelsior" (este es mi nick favorito, por cierto). Tras teclear uno a uno los títulos en su ordenador, ha concluido que esos libros no existen o, por lo menos, no los tienen en existencias. Me asombra que una vendedora de unos 18 años, a la que se le ve una carrera como librera de altura, no sea capaz de encontrar ninguno de los libros que le propongo.

Estando en la librería ha entrado uno de los informáticos del trabajo y, al verme refunfuñando ante la dependienta, se ha interesado por mi caso y, cuando le he explicado lo sucedido, ha soltado una carcajada estruendosa, casi se atraganta tres veces y me ha dado una palmada en el hombro que me ha dejado torcido hasta el fin de la legislatura. Después me ha explicado que esos libros son inexistentes que sólo son tuits plantilla.

Para no ahondar en mi bochorno, no le he querido decir que no tenía ni idea de qué diantres me estaba hablando pero algo ha debido ver en mi expresión que le ha hecho sospechar de mi ignorancia porque ha vuelto a reírse como un poseso (algún día se las devolveré todas juntas) y me ha dicho que explicará de qué va eso de las plantillas.

Por hoy no he querido sentirme más humillado por lo que me he retirado alegando tener prisa, me he escondido en mi casa y me he planteado tirar el móvil por la ventana (algo que no he hecho porque mi buena pasta me costó que si no...).

viernes, 30 de enero de 2015

Día 559 : ¡Qué bonito es socializarse!

Algo deben echarle al Trwitren (o como se diga) para que enganche tanto. Analizado friamente, los fiascos se me acumulan como setas en un pinar pero una fuerza oculta me impulsa a darle al pajarito en el móvil cada vez con más frecuencia. Debe ser algo común a eso que llaman redes sociales porque, allá por donde mire, los apegados al telefonito de marras son cada vez más numerosos.

Recuerdo que, hace tiempo, miraba asombrado a quienes andaban por la calle absortos en la pantallita y pensaba que qué podían encontrar en un chisme que a mí, para ser sinceros, sólo me reportaba disgustos y trabajo. Sin embargo, desde que instalé la App (que no podía llamarse "programita pal móvil", no) cada vez son más frecuentes los momentos en los que agacho la cabeza, enciendo el teléfono y me dedico a emplear tiempo en distraerme como se ha hecho desde que el mundo es mundo: no hacer nada de provecho.

Lo que antes era tiempo de desesperada búsqueda de pasatiempos más o menos productivos es ahora el encuentro gozoso con el absurdo pero las risas que a veces me echo compensan con creces los tropezones más ridículos, el dolor de cervicales, la aceleración de mi presbicia y los moratones producidos por encontronazos con farolas o árboles. Y no hay que olvidar que, además se conoce gente.

Y es curioso que un invento que, en teoría, sirve para conocer gente ha producido que últimamente salga con menor frecuencia y, cuando lo hago, corro el riesgo de que los que me acompañan salgan huyendo al verme desenfundar el móvil y me dejen con mis cosas de Turutren (no, así ni se acerca) hasta que, media hora después, me percato de mi soledad y salgo a su encuentro en algún otro bar, con el inconveniente sobrevenido de tener que hacerme responsable de la cuenta lo que supone también una merma para mi bolsillo, todo hay que decirlo. También reconozco que alguna colleja por parte de mi madre me he llevado, acompañada por un contundente "deja el trasto ese cuando estemos comiendo", se ve que en la mesa hay que dejar el teléfono para estar plenamente concentrado en las imágenes que el televisor escupe y no podemos interrumpir a Brasero cuando nos habla pormenorizadamente del tiempo en Tegucigalpa o nos muestra fotitos de espectadores arrobados por la belleza de una nube en el cielo. Reconozco que todo cambia y ahora con mayor celeridad que nunca y por eso, seguir a alguien de quien desconoces hasta el nombre, es conocer gente. Eso sí, tendré que aprender a explicárselo a mi madre para que deje de darme collejas y pueda relacionarme con los tuiteros mientras ella adora fervososamente las borrascas y las marejadas del Brasero.

Pese a todo, también tiene algún que otro inconveniente esto de socializarse virtualmente. Ayer, sin ir más lejos (o mejor dícho yéndome más lejos) se me pasó la parada del bus por lo que tuve que recorrer andando una distancia mayor que si no hubiera cogido el transporte público. Esto, añadido al hecho de que me dio por tuitear mi camino a pie, produjo un retraso en mi entrada al trabajo pero, eso sí, me proporcionó la satisfacción de comunicar al mundo (bueno a mis tres seguidores) cada cosa que me encontraba en mi camino (selecciono sólo algunas de las perlas con las que compartí mi caminar mañanero en la red):
 "Hay gente por la calle".
"Pues parece que hace fresco".
"Ya queda menos para llegar al curro".
"Podían asfaltar un poco mejor esta calle".

Una cosa es innegable y es la gran influencia que las redes sociales están adquiriendo en estos tiempos. De hecho, hasta la Guardia Civil, según leo en algunos tuits, ha adelantado a un tuitero hace un rato y le ha pedido que les siguiera. Por supuesto ha hecho caso omiso a su amable invitación, ha bajado la ventanilla y les ha espetado: "Mi cuenta es mía y sigo a quien me da la gana", argumento que he visto profusamente reproducido en la pantallita. Se ve que la Benemérita no sabe encajar bien eso de que no la sigan y se le han puesto a insistir hasta que me he visto obligado a detener el coche para no tener un accidente. Una vez les ha explicado mi intención de no darles follow han optado por intentar convencerle por medios más expeditivos y, de no ser por el abogado de oficio, aún estaría en el calabozo intentando comprender por qué esa necesidad de ser seguidos por un cualquiera.

Pero, eso sí, no espero que no dobleguen su determinación y no consigan su follow. Que se fastidien.

jueves, 22 de enero de 2015

Día 552: Los Memes.

Vistos los batacazos que me he dado por confiar en mi cuñado, he decidido actuar por mis medios. He cancelado la cuenta y he procedido a comenzar de cero. Como fotito he optado por una muy graciosa que he visto por internet que me ha hecho gracia y no debe ser mala elección porque la he podido ver en otras ochocientas catorce cuentas.

Y, hablando de imágenes, hoy me he dedicado a observar las que los usuarios de Twitwer (que no podían haberle puesto un nombrecito más sencillo) cuelgan con gracia y soltura en sus cuentas. He abierto unas trescientas en dos horas y, tras sufrir tres ataques de ansiedad, un ictus y media docena de amagos de infarto, he llegado a la conclusión de que esta gente muy bien, lo que se dice muy bien, no anda.

Tan pronto te sale una fotografía de Coelho sobre fondo oscuro en el que se añade un pensamiento profundo del tipo: "Hoy me he levantado estreñido pero con tesón lo he superado" como te cuelgan una foto cogida de la cuenta de un espantajo que se ha hecho ante el espejo del baño para hacer pública su "apolínea" belleza realzada con peinados extravagantes, atuendos insólitos o, directamente, una falta de pudor asombrosa. Animales en poses inesperadas también resultan atractivos para los tuiteros y, entre tanta sinrazón, están las fotos normalitas, las que hace uno para compartir pero estas suelen tener menor eco dentro de la red del pajarito azul.

Pero, sin duda, las que más proliferan y se repiten y reproducen como conejos en celo son las que, según me ha comentado uno de los informáticos del curro, se denominan "Memes" cuyo nombre es para mí un misterio insondable de la cibernaturaleza.

Por lo que se ve, se coge una imagen de alguien famoso o en pose pintoresca, se le añade un texto que añada una nota de humor a la situación y se cuelga de la red a modo de invitación para que otros la cojan, modifiquen el texto y procedan a subirla con total desparpajo. Llevados por la vorágine de memes, he visto la misma fotografía unas noventa y ocho veces, eso sí, con textos cada vez más hilarantes. De este modo, he podido ver cómo un personaje público ha pasado de confesar su homosexualidad a alardear del tamaño de su miembro (cosa curiosa ya que se trataba de una mujer que preside un gobierno de un país alemán que no diré para no menoscabar su imagen pública), ha amenazado con quemar media Europa y se ha hecho amante de otro presidente de un país español que no citaré para no da pábulo a lo que creo que es una invención tuitera.

Si algo caracteriza a los tan traidos y llevados memes es su capacidad de reproducción. Como hongos se desperdigan por la pantallita en cuanto surge uno que les da juego a los tuiteros. Quizá uno de los más empleados sea la imagen de Julio Iglesias y he sentido una punzada en el pecho al ver cómo utilizan a mi idolatrado cantante para manifestar su fogosidad amatoria. No seré yo quien discuta tal aspecto de la vida íntima del maravilloso intérprete de "De niña a Mujer" o del inolvidable "Hey" pero he sentido cierta amargura al ver a tal monumento patrio, a tan formidable cantante rebajado a una simple pantomima sexual que te señala desde una fotografía con un texto que, indefectiblemente, termina con un "y lo sabes".

Intentando aprovechar el tirón de los memes y buscando esquivar la imagen de mi idolatrado Julito, he intentado dar a conocer mi cuenta y conseguir algún que otro seguidor creando mi propio meme. He buscado una imagen de un bebé más feo que pegarle a un padre con un calcetín sudado y le he añadido en una preciosa letra llamada Comic Sans un mensaje que creo que triunfará en el mundo virtual sin problema: "Estoy solito porque queréis".

Con una profunda satisfacción he dado al botón de publicar y he esperado la reacción de la red. Un cuarto de hora después no pasa nada. Media hora después sigue sin pasar nada. Una hora más tarde el Conecta (que ahora se llama "notificaciones" pero que, básicamente, hace lo mismo que antes) sigue más parado que el miembro de Tutankamón. Dos horas y cuarto más tarde me ha parecido ver que había una nueva notificación pero ha debido de ser un reflejo en la pantalla del móvil porque no ha pasado absolutamente nada.

Tras tres horas después todo seguía sin cambio alguno. Cierro esto intentando asumir la decepción. Esto de triunfar con el pajarito no es tan fácil como lo pintan en las pelis porno.

martes, 13 de enero de 2015

Día 543: El Játer.

Hoy he entrado en Truturiter (no hay forma) con ganas de aprender y me he topado con un gran número de alusiones a una especie tuiteril completamente desconocida para mí pero que, por lo que se ve, tiene más solera que el anisete del abuelo: los Játers.

El llamarlos así responde al irrefrenable impulso que tienen los tuiteros de llamarlo a todo usando el inglés (que digo yo que será porque suena más tecnológico). El término, tan desconocido para mí como la física cuántica, me lo han tratado de aclarar los informáticos del trabajo, entre sonoras carcajadas cuando han visto que tomaba notas. Lo cierto es que tales individuos deambulan por la red del pajarito como Pedro por su santísima casa pero, lo que son las cosas, yo andaba totalmente ajeno a su existencia.

La técnica que utiliza un Játer es bastante simple: se trata de responder a todo lo que escriban otros menospreciando, insultando o ridiculizando a su víctima. Según he podido entender entre las carcajadas de los informáticos, cuando uno de estos personajes se asoma a tu cuenta puedes proceder de varios modos. Por un lado puedes no hacerles caso, con lo que te conviertes en un creído maleducado por no contestar. También puedes optar por pagarles con su misma moneda, con lo que te conviertes en un creído maleducado por insultarles. A lo mejor decides optar por bloquearlos y, por arte de birlibirloque, se te adjudica la etiqueta de tuistar incapaz de encajar con gracia y salero al játer (además de ser un creído maleducado, por supuesto). También puedes decidirte por contestarle sin entrar en su juego pero, entonces, él seguirá en su línea y acabarás por ignorarlo, aunque sea por aburrimiento con lo que te conviertes en un creído maleducado.

Mi falta de pericia en estas cosas me ha llevado a consultar a mi cuñao que, mientras mordisqueaba un palillo, me ha dado un par de palmaditas en la espalda y, con su tono de condescendencia habitual, me ha sugerido que le ceda el sitio para mostrarme la verdad suprema del asunto que sólo él, en su infinita sabiduría, conoce. Con una sonrisa que más que tranquilizar me ha dejado inquieto, me ha sugerido que él me iba a enseñar la técnica pues él mejor que nadie sabe hacer de játer y, bien realizada, la técnica me granjeará más seguidores de los que jamás pude soñar.

Temblando, le he dejado la cuenta y, en unos diez minutos, ha conseguido que me bloqueen hasta las cuentas de publicidad. Desolado al ver cómo mi contador de seguidores se ha puesto en números negativos, he optado por remediar la situación antes de que el energúmeno ese me acabara hundiendo definitivamente y he desenchufado el ordenador.

Entre lágrimas le he pedido que me deje solo, que ya he aprendido la lección. Los disgustos no paran de cercarme y, mientras mi cuñao salía de casa dicíendome que no tengo arrestos suficientes y que así no llegaré a nada en la vida, me hundo en mi desesperación sin saber si algún día el pajarito azul me dará alguna alegría.

martes, 9 de diciembre de 2014

Día 523: El follow Guadiana.

Va siendo hora de hacer lo posible para lograr que alguien me siga. Está claro que, mientras no me vean y descubran mi gran talento oculto (que mucho debe estarlo porque ni yo sé a ciencia cierta dónde anda) el numerito que indica cuánta gente husmea en mis tuits no va a pasar de cero patatero. Mi cuñao, tan entendido él en todo lo divino y humano, me ha comentado que hay un truco infalible que consiste en ponerme a seguir a alguien para, al cabo de un rato, dejar de seguirlo y volver a seguirlo después, repitiendo la acción muchas, muchísimas veces para conseguir captar su atención.

Como lo dice mi cuñao, y viendo el resultado de todos sus consejos,  decido no hacerle ni caso y observar la reacción de otros tuiteros ante tal práctica que, por lo que se ve, no es tan secreta como mi cuñao pretende, aunque él (todo hay que decirlo) suele pensar que todo lo que hace o piensa está a la altura del descubrimiento de la pólvora.

Por otro lado, a mí, de entrada, el método del martillo pilón no me ha dado muy buenos resultados. Las muchas veces que le he pedido a la vecina de abajo sal poniendo ojillos lascivos sólo me han granjeado unos cuantos kilos de sal y la recomendación de la susodicha de que coma rabos de pasas para la memoria y así no vuelva a olvidarla cuando vaya a la compra. Tampoco quiero recordar las muchas ocasiones en las que, con el alcohol como aliado y el ambiente de los bares jugando a mi favor, una actitud insistente por mi parte ha conseguido que sea nombrado un cojonera-fly-man pero sin otra recompensa que la de poder ostentar el título y los honores que ello pueda comportar.

Como digo, los antecedentes y la recomendación enfervorecida de mi cuñao me convencen de, antes de aplicar la técnica, intentar observar si otros la usan y qué resultados les da a ellos por lo que me pongo a rastrear lo que se cuece al respecto y, tras cinco horas de lectura de tuits sobre el follow/unfollow, que si no llega a ser por la recomendación de mi cuñao hubiera pensado que se trataba de una expresión sexual, he llegado a las siguientes conclusiones:

  • El 100% de los que lo practican tienen apariencia de gente normal, lo que confirma que no hay que fiarse de las apariencias.
  • El 77,7% de los que lo reciben muestran su total disgusto por resultarles molesto.
  • El 35,3% restante opinan que yo de matemáticas ando un pelín flojucho.
  • El 32,3% que realmente queda no están tan disgustados como los otros sino mucho más, a juzgar por los apelativos henchidos de cariño con los que califican a los que practican el guadianismo followense en Tewttre (debería usar la wikipedia para ver cómo coño se escribe esto, lo sé).
  • Todos los casos que he podido observar de follow/unfollow (sé que no tiene nada que ver con el sexo pero a mí escribirlo me está poniendo palote, las cosas como son) han terminado en bloqueo. La mayoría se quedan ahí pero hay un cierto número que, además, van acompañados del deseo de una guantá con toda la mano abierta (que estimo no se trata de un saludo afectuoso).
  • El 94% de los tuiteros saben perfectamente en qué día viven (esto no tiene absolutamente nada que ver con el follow Guadiana pero, oye, ya que tanto se esfuerzan en manifestarlo habrá que reconocerles el mérito o algo).
  • Un altísimo porcentaje usan signos raros (como :-_____), <3, :-(...) que sigo sin saber qué significan pero que estudiaré a fin de desentrañar porque me da que ahí hay algo. Esto tampoco tiene nada que ver con followear/unfollowear (madre mía, cómo me estoy poniendo, voy a darme una ducha fría después de escribir esto) pero ya que estamos lo pongo.
Visto lo visto, he soltado un suspiro de alivio por no haber hecho caso al mendrugo de mi cuñao (algún día le preguntaré a mi hermana qué narices ha visto en este tiparraco porque no acabo de descubrirlo). Seguiré, pues, con la técnica de responder hasta que alguien se apiade de mi soledad y decida seguirme. Sí, es posible que la lástima no sea la mejor de las motivaciones en esta vida pero, oye, a ver quién es el guapo que renuncia a una noche de pasión sólo porque le ha llegado por lástima, así que yo no voy a renunciar a un follower sólo porque se apiade de mí.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Día 504. Buscando Respuestas.

Va siendo hora de ponerme las pilas. Ha pasado demasiado tiempo sin que haya usado esto del Tritter (casi pero me da que no) y necesito quitarme el óxido si quiero triunfar y sacarle tanto partido como parece que le sacan los avispados.

Los informáticos del curro, siempre tan amables los puñeteros, me han comentado que si me acordaba que necesitaba tener seguidores para que lo que escribiera lo leyera alguien. La cara de desolación que he debido poner ha debido ser grande porque, entre carcajadas, me han dicho que intente interactuar para que me sigan. Sin duda eso es lo que me interesa del programita este del pajarraco, interactuar. Vamos, echarme algún ligue e interactuar con ella todo lo que pueda. Supongo que estos cretinos me conocen lo suficiente como para saber lo que pienso pues se han dado mucha prisa en aclararme que lo de interactuar no tiene nada que ver con asuntos sexuales. Las decepciones se me acumulan y me doy cuenta de que lo del sexo no tiene mucha prédica en Tumiter (no lo veo claro así), no sé yo si aguantaré mucho al bicho ese.

Me aclaran que interactuar es responder y que, si quiero ganarme seguidores, intercale respuestas con tuits de cosecha propia. Me advienten ("porque tú eres más bruto que un arao", me dicen) que tenga algunas cosas en cuenta para que mis respuestas (replis lo llaman los frikis estos) me abran las puertas a torrentes de enfervorecidos seguidores que harán de mi cuenta un rico vergel de distracción (os juro que me lo han dicho tal cual los pedantes).

Después de tres cuartos de hora escuchándolos he llegado a la conclusión de que:
  • No te excedas corrigiendo a la gente o saliendo por peteneras porque, si lo haces te transformas en un mongoreplicante igual que los gremlims si comen después de media noche (las once en Canarias, supongo).
  • Si protestas o insultas eres un Jater y te condenan al silencio o, peor aún, al bloqueo.
  • Procura no hacer muchos replis de esos al mismo porque entonces eres un pesado de tresmil pares de cojones y te vas a quedar para vestir santos.
  • Hay que intentar ser conciso, gracioso, ingenioso, cercano, amable, locuaz y, si te pilla bien, tener un unicornio rosa tampoco está de más.
  • Parece ser que decir "sígueme y te sigo" es la manera más eficaz, rápida, contundente y certera de ganarte un sitio de honor en el ostracismo más miserable.
Visto lo visto, me apresto a hacer mi primer repli. Intento buscar un tuit al que responder y, en medio de trescientos cincuenta y nueve "Buenos días", encuentro, al fin, a alguien que parece poner el foco de atención en algo diferente: necesita un café. Me siento mal por no poder ofrecérselo y, en medio de la angustia que me produce no poder solventar su perentórea necesidad, logro darle a la flechita que me abre el horizonte a una respuesta. Escribo: "Ya he quemado tres modems intentando enviarte el café pero es echárselos y se me queman". En dos minutos recibo la agradable sorpresa de ver cómo se me notifica que la aludida me ha retuiteado, ha marcado como favorito y se ha dignado a contestarme.

Lo cierto es que me ha emocionado la cosa. En mi memoria queda grabada cada letra que ha escrito para mí en su tuit: "JAJAJAJAJAJA <3". La última parte es la que me resulta confusa, debe tratarse de un lenguaje especial que tendré que consultar con mi cuñao o con los informáticos pero de la primera deduzco que mi comentario ha sigo tomado en broma y prefiero no aclararle que, en realidad, sí he intentado enviarle café echándolo sobre el modem y el resultado ha sido realmente desalentador. Prefiero que piense que soy gracioso a que se dé cuenta de que soy un total inepto para estos menesteres informáticos. Por suerte, no se me ha ocurrido mandárselo por el móvil.

Satisfecho por mi gran logro, me olvido de los seguidores de los tuits y hasta de mi madre. He conseguido responder y hasta hacer reír, un buen comienzo. Decido no forzar la máquina (más que nada porque no me quedan más modems que quemar con café) y dejarlo reposar hasta otro día en el que, me lanzaré a tuitear y responder para conseguir seguidores.

martes, 11 de noviembre de 2014

Día 497: El Hijo Pródigo.

Había abandonado por completo mi aventura tuitera por la desilusión de no enterarme absolutamente de nada pero mi cuñao, que es un lince ibérico de los que ya no quedan, ha venido a casa a gorronearme cervezas, rectificar toda la instalación eléctrica del domicilio y a reprocharme mi abandono en Tururiter (¿Era así? No creo).

Me comenta que es muy frecuente que, al principio, uno se despiste y que es al regreso cuando se le coge el tranquillo a la cosa. Fíjate tú que, sin saberlo, me he comportado como un auténtico profesional en esto del tuiteo.

Con nervios inusitados, abro el programita en el móvil (que es lo que mi cuñao llama App) y apenas reconozco lo que veo. Una campana, un sobre, un tipo con un signo más en la oreja, una lupa y unos puntos suspensivos hacia arriba, como empalmados o algo así. Pensando que el asunto sexual tiene que estar en esos puntitos le doy y se me despliega un mundo de posibilidades bajo mi fotito (que no he cambiado en mi tiempo de ausencia). Listas, Borradores, Cuentas y Configuración. Es notable cómo algunos son capaces de escribir en chino con caracteres occidentales.

Me voy a Listas porque, ya puestos a buscar féminas, mejor que estén dotadas de inteligencia pero la decepción llama a mi puerta cuando el móvil, con su habitual fría indiferencia, me dice sin inmutarse que no tengo listas a mi disposición. Sin apenas llorar, le digo con tono nervioso que, ya que no me ofrece listas, por lo menos me diga dónde pillar tontas pero se ve que el reconocimiento de voz es algo que no tiene instalado el aparatejo este.

Superando este fracaso inicial, decido ser pragmático y acceder a Cuentas para ver mis saldos y mis últimos movimientos mientras pienso que es un detallazo que Truwinter (creo que van por ahí los tiros) permita revisar las propias cuentas. Otra nueva decepción se cierne sobre mí al percatarme que de eso nada. O soy muy torpe, que puede ser, o realmente han escondido la información bancaria entre opciones sinsentido. Lo dicho, el que escribe chino aquí se ha lucido en todo su esplendor.

Asqueado, le doy a mi fotito, junto a la que aparece mi nombre y se me despliega una ventana en la que aparece por arte de magia, que he escrito 17 tuits, siguiendo 138 y seguidores 0. Entre lágrimas, recuerdo al huevito que un día me siguió, supongo que se cansó de esperarme y pensó que había fallecido o algo. Me imagino la dolorosa escena de un huevo yendo de cementerio en cementerio buscando mi tumba para depositar algunas flores ajadas después de deambular de acá para allá para no lograr encontrarme.

Lo que no acabo de entender es que, a esta ventana, el móvil se emperra en llamar "Perfil" si en mi fotografía aparezco de cara. Tal vez sea una exigencia, tendré que averiguarlo.

Abatido por la tristeza por la pérdida de mi huevo... bueno, más bien por la del huevo que me seguía que tampoco he llegado a ningún tipo de semicastración ni nada por el estilo, decido dejar reposar el reencuentro. Mañana será otro día aunque si es como el de hoy poco futuro le veo a esto de ejercer de hijo pródigo, la verdad.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Día 23: La cosa se moviliza y se complica.

He tenido que recurrir a los informáticos. No me ha quedado otro remedio si quería instalar el Turister (me da que no es así tampoco) en el teléfono al que, por cierto, he tenido que volver a enchufar tres veces en los últimos dos días porque la batería le dura un suspiro. Dos horas de carcajadas después de haberles comentado mis andanzas por los dibujitos (sí ya sé iconos pero es que no me acostumbro), los mamones han accedido a instalarme el pajarraco azul y todo su mundo de luz, color, fantasía y tuits. Después de un graciosísimo: "Hala, ahora no lo rompas" me han devuelto el teléfono y en la pantallita he visto, entre lágrimas de emoción e incredulidad, la imagen del pajarito azul.

No he podido contenerme y lo he abierto inmediatamente, esperando encontrar mis tuits y los de aquellos a los que con tanto fervor me puse a seguir (estos sobre todo son los que tienen avatares de formas femeninas sugerentes). La cosa no ha empezado a pintar muy bien cuando lo he abierto y ha empezado a sugerirme que añada a mis amigos (como si tuviera de eso, cuando lo más cercano es mi cuñao y a ese no lo vuelvo a meter en mi cuenta ni loco) y que diga a los cuatro vientos dónde me encuentro (cada día me convenzo más de que esta red social fue creada por una panda de cotillas que se aburrían y pensaron en la mejor forma de conocer vidas ajenas hasta en los mínimos detalles).

Si pensaba que ahí terminaba todo, estaba muy equivocado. Cuál ha sido mi sorpresa cuando he podido apreciar, no sin gran disgusto, que las cosas del Twilter (la versión china tampoco me convence) en el móvil son completamente diferentes al PC. Uno espera que, al usar un mismo programita va a encontrarse con iguales elementos independientemente del aparato que use para acceder pero se ve que los programadores tienen tantas horas libres y tan mala leche que han optado por vivir llevando la contraria a la lógica.

El "inicio" sigue siendo "inicio", todo hay que decirlo, pero resulta que la arrobita del "conecta" ha desaparecido en el móvil, sin dejar rastro, llevada por los vientos del capricho de los programadores. Tras tres cuartos de hora tocando la pantallita, me he dado cuenta de que la arrobita se ha convertido en campana y ya no es "conecta" sino "notificaciones" pero es lo mismo, creo. Luego hay una pestañita que pone "Actividad" que no sé muy bien qué hace ahí pero parece ser que te explica hasta el faveo más insignificante de la gente que tienes rondando por tu cuenta (los programadores deberían hacerse mirar su afán de cotilleo). Escribir un tuit se hace desde abajo (nada desde la esquinita superior derecha del Pc) y, al menos, el sobre lo han dejado ahí visible con la misma inutilidad que en el PC.

Voy a tener que dedicar un buen rato a irme acostumbrando a tanto cambio e innovación aunque, por lo que he podido leer, a la gente no le suele hacer mucha gracia las innovaciones con las que actualizan Twirtle (esto me suena a una peli de bichejos verdes peleones más que a un pajarillo azul). No sé si a mí me acabarán convenciendo.

martes, 10 de diciembre de 2013

Día 22. Estrenando el móvil (2)

Lograr encender el cacharrejo este y acordarme del PIN ya me parecía un logro significativo pero esto de enfrentarme a un manual de instrucciones que ocupa 947 páginas, viene en setenta idiomas, incluido el swahili (que supongo que será un mercado en alza el de los móviles allí), con una letra diminuta y unos gráficos en blanco y negro de fotocopia mal hecha ha terminado por derrumbar mi ánimo.

He tenido que buscar hasta dar con el español (que lo han escondido bastante los muy espabilados) pero, al fin, me he enfrentado al uso y disfrute de mi teléfono en la lengua de cervantes (al menos en apariencia). Resulta que este teléfono tiene una pantallita llena de dibujitos que, como no quedaba muy técnico llamarlos así decidieron bautizarlos como iconos (aunque yo por icono siempre he entendido un cuadro de la virgen o los santos así con pan de oro y tal). Bueno, pues que tiene iconos que tocándolos con el dedo abren aplicaciones (los programas de toda la vida de dios) que hacen que el teléfono haga de casi todo. Son las famosas APPs (de nuevo hay que inventarse nombrecitos para que parezca tecnológico).

Sirve para escuchar la radio, música en mp3, ver películas en mp4, jugar a juegos en mp5, hacer carambolas en mp6, retocar fotografías en mp7 o acabar con tu paciencia en mp8 (no entiendo eso del mp que ponen, creo que es evidente). Por lo que se ve, según el manual, he sido el tipo más inteligente del mundo al adquirir un pedazo de terminal (espérate que ahora me aterrizarán aquí los aviones que no les quepan en el aeropuerto de Castellón) capaz de hacer fotografías de chorrocientos megapíxeles, conectame a internete, mandar dibujitos (que cuando los envías ya no son iconos sino smiles, hay que joderse) y conectarse a las redes sociales (que esto es lo que más me interesa en estos momentos cruciales de mi vida).También lo puedo sumergir en el agua sin que se estropee, algo que me parece tremendamente útil por si un día, haciendo submarinismo, me surge la necesidad de llamar a alguien desde el fondo marino para contarle lo bonito que es un boquerón que se me ha cruzado por delante. Si algo tiene la tecnología, es que nos facilita poder realizar este tipo de actividades tan cotidianas como necesarias.

Pero, como yo voy a lo voy, empiezo a mirar entre los dibujitos (iconos, leches) a ver si veo el pajarraco azul aunque sin mucha esperanza porque ya sé que tengo que instalarlo (a ver dónde consigo huevos de pájaro azul para meter en el móvil este). De camino en mi búsqueda y sin querer, he hecho diecienueve fotografías al suelo, he escuchado quince canciones de tipos que ni conozco, he visto cuatro vídeos, dos presentaciones de power point, me he enterado del tiempo que hace en Cuenca (que creo que es algo que un buen tuitero debe conocer), he descargado la bibliografía completa de Benito Pérez Galdós (que anda que no escribía el jodío), he sabido en qué lugar exactamente del planeta me encuentro (con una aproximación de 300Km), he conducido un cochecito de carreras y me ha sonado media docena de veces la alarma. Todo esto sin contar con las tres notas que he escrito sin querer ni criterio ni las cuatro citas que he establecido en un calendario de Google todavía no sé ni con quién ni dónde, aunque me llegará al correo un aviso de cada una de ellas.

Eso sí, del pajarraco azul no he encontrado ni una mísera pluma. Temo que tengo que llamar a los informáticos, con lo que me fastidia, para que me digan cómo narices se instala eso y, sobre todo, cómo diantres llamo desde este teléfono (que eso tampoco lo he encontrado ni por casualidad). Tendré que seguir luchando.