jueves, 22 de enero de 2015

Día 552: Los Memes.

Vistos los batacazos que me he dado por confiar en mi cuñado, he decidido actuar por mis medios. He cancelado la cuenta y he procedido a comenzar de cero. Como fotito he optado por una muy graciosa que he visto por internet que me ha hecho gracia y no debe ser mala elección porque la he podido ver en otras ochocientas catorce cuentas.

Y, hablando de imágenes, hoy me he dedicado a observar las que los usuarios de Twitwer (que no podían haberle puesto un nombrecito más sencillo) cuelgan con gracia y soltura en sus cuentas. He abierto unas trescientas en dos horas y, tras sufrir tres ataques de ansiedad, un ictus y media docena de amagos de infarto, he llegado a la conclusión de que esta gente muy bien, lo que se dice muy bien, no anda.

Tan pronto te sale una fotografía de Coelho sobre fondo oscuro en el que se añade un pensamiento profundo del tipo: "Hoy me he levantado estreñido pero con tesón lo he superado" como te cuelgan una foto cogida de la cuenta de un espantajo que se ha hecho ante el espejo del baño para hacer pública su "apolínea" belleza realzada con peinados extravagantes, atuendos insólitos o, directamente, una falta de pudor asombrosa. Animales en poses inesperadas también resultan atractivos para los tuiteros y, entre tanta sinrazón, están las fotos normalitas, las que hace uno para compartir pero estas suelen tener menor eco dentro de la red del pajarito azul.

Pero, sin duda, las que más proliferan y se repiten y reproducen como conejos en celo son las que, según me ha comentado uno de los informáticos del curro, se denominan "Memes" cuyo nombre es para mí un misterio insondable de la cibernaturaleza.

Por lo que se ve, se coge una imagen de alguien famoso o en pose pintoresca, se le añade un texto que añada una nota de humor a la situación y se cuelga de la red a modo de invitación para que otros la cojan, modifiquen el texto y procedan a subirla con total desparpajo. Llevados por la vorágine de memes, he visto la misma fotografía unas noventa y ocho veces, eso sí, con textos cada vez más hilarantes. De este modo, he podido ver cómo un personaje público ha pasado de confesar su homosexualidad a alardear del tamaño de su miembro (cosa curiosa ya que se trataba de una mujer que preside un gobierno de un país alemán que no diré para no menoscabar su imagen pública), ha amenazado con quemar media Europa y se ha hecho amante de otro presidente de un país español que no citaré para no da pábulo a lo que creo que es una invención tuitera.

Si algo caracteriza a los tan traidos y llevados memes es su capacidad de reproducción. Como hongos se desperdigan por la pantallita en cuanto surge uno que les da juego a los tuiteros. Quizá uno de los más empleados sea la imagen de Julio Iglesias y he sentido una punzada en el pecho al ver cómo utilizan a mi idolatrado cantante para manifestar su fogosidad amatoria. No seré yo quien discuta tal aspecto de la vida íntima del maravilloso intérprete de "De niña a Mujer" o del inolvidable "Hey" pero he sentido cierta amargura al ver a tal monumento patrio, a tan formidable cantante rebajado a una simple pantomima sexual que te señala desde una fotografía con un texto que, indefectiblemente, termina con un "y lo sabes".

Intentando aprovechar el tirón de los memes y buscando esquivar la imagen de mi idolatrado Julito, he intentado dar a conocer mi cuenta y conseguir algún que otro seguidor creando mi propio meme. He buscado una imagen de un bebé más feo que pegarle a un padre con un calcetín sudado y le he añadido en una preciosa letra llamada Comic Sans un mensaje que creo que triunfará en el mundo virtual sin problema: "Estoy solito porque queréis".

Con una profunda satisfacción he dado al botón de publicar y he esperado la reacción de la red. Un cuarto de hora después no pasa nada. Media hora después sigue sin pasar nada. Una hora más tarde el Conecta (que ahora se llama "notificaciones" pero que, básicamente, hace lo mismo que antes) sigue más parado que el miembro de Tutankamón. Dos horas y cuarto más tarde me ha parecido ver que había una nueva notificación pero ha debido de ser un reflejo en la pantalla del móvil porque no ha pasado absolutamente nada.

Tras tres horas después todo seguía sin cambio alguno. Cierro esto intentando asumir la decepción. Esto de triunfar con el pajarito no es tan fácil como lo pintan en las pelis porno.

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