viernes, 29 de noviembre de 2013

Día 17. Yo vine a Twuistern (o como coño se diga)

Hoy esta siendo un día muy filosófico. Más que entretenerme en las cosas que rodean Tuerestiter (mal que no mejora, empeora), me he dedicado a un profundo análisis de mis objetivos en esta red social. Bueno, realmente he estado repasando las fotobragas de ayer que aún me creo esta bendición del cielo pero no lo iba a soltar así que quedo mal.

He descubierto que hay muchos tuits que empiezan "Yo vine a Titiriter (ellos lo ponen mejor, dicho sea de paso) a..." y cuentan las razones que hicieron que sus caminos acabaran tropezando en la piedra del dichoso pajarito azul. Mirando unos trescientos me doy cuenta de que las razones que te pueden haber arrastrado a esta locura son, en cualquier modo, muy variopintas a la par que curiosas. Los hay que han venido incluso a follar (o al menos eso se deduce de sus tuits) aunque no acabo de ver que consigan tan noble objetivo.

Esta serie de tuits me hace preguntarme: "A ver, chavalín, ¿Qué diantres te hizo menterte en esta locura y por qué sigues merodeando por aquí?" Como soy educado, cuando me pregunto algo procuro contestarme y documentar bien mi respuesta. He iniciado, por ello, la búsqueda de foros, blogs y respuestas en Yahoo para que ayuden a solucionar tan difícil cuestión. También he encontrado dieciocho videotutoriales de latinoamericanos para construir tu propia razón para estar en esta red social. Yo alucino con estos tíos, cualquier día sacarán un videotutorial acerca de cómo se hace un videotutorial (seguro que ya está pero no quiero ni buscarlo por si acaso).

Horas de reflexión, de sudor, de lágrimas (sobre todo esto por estar ante el monitor leyendo algunas letras horripilantemente pequeñas) han acabado con una satisfactoria respuesta que, por supuesto, he plasmado en un tuit que a mí me parece que resume a la perfección mi opinión sobre tan fundamental asunto.

Con mano temblorosa, pensando en mi huevo (el que me sigue, no andemos pensando escabrosamente) y los otros cuatro followers que se me han apalancado en la cuenta, me decido a escribir: "Yo vine a Tuistres a tuitear". Lo envio, me inflo de orgullo y espero que mi sencilla semilla acabe germinando y fructificando por todos los rincones del mundo (curioso que un mundo redondo tenga rincones pero así de loco está todo por aquí).

Media hora después tenía cinco menciones, una por cada uno de mis seguidores. Curiosamente, ninguno se ha parado a comentar la profundidad de mi pensamiento ni sus implicaciones ontológicas. Todos han coincidido en apuntarme que así no se escribe el nombre de la red del pajarito tocahuevos azul. Mi cuñao, que casualmente ha aparecido para ser espectador de mi triunfo tuitero, ha mirado con desdén la pantalla, me ha dado una palmadita condescendiente y me ha dicho sin ningún timpo de emoción en su voz: "Enhorabuena, tienes cinco mongos".

Intrigado por no saber a qué se ha referido mi cuñao, he apagado el ordenador y he sentido la desilución de ver que mi gran pensamiento profundo se ha quedado reducido a un simple comentario rodeado de tuits rectificándolo, perdiendo así todo su valor. Me voy un rato al "rincón de llorar amargamente por los desplantes que me hacen". Mañana no sé si abriré este cúmulo de decepciones.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Día 16. Las fotobragas

Por fin encuentro algo que, así a primera vista, resulta atractivo en Twirten (no me va a salir ni a tiros, lo estoy viendo). Entre los días temáticos, alguien tuvo la genial idea de dedicar los jueves a un inocente y, al tiempo, encomiable asunto como son las prendas interiores femeninas. Por lo que he visto lo llaman los jueves de bragas y la celebración de tan magno acontecimiento consiste en que tuiteras (a ser posible de buen ver y mejor catar) se hacen una foto luciendo su prenda íntima para goce, disfrute y solaz de los espectadores. Es lo que llaman fotobragas (jamás me pude imaginar que pudieran poner ese nombre, es del todo punto sorprendente).

Por lo que he podido observar, este asunto, en apariencia tan inocente, despierta varias posturas bastantes diferenciadas por lo que, en aras de realizar un personal estudio sociológico me he centrado en analizar el jueves de bragas exhaustivamente. Después de varias horas contemplando encajes, puntillas, lacitos y curvas vertiginosas abrazadas por prendas de buen ver he pensado que, para conocer la opinión que suscitan, a lo mejor es conveniente leer también algún tuit al respecto y no quedarme en la mera composición fotográfica.

Como digo, las opiniones son diversas y aquí hay que diferenciar el sexo de quien expone su opinión. Por ello, anoto los resultados en mi libreta atendiendo a este criterio. Deduzco, al fin, después de perder la concentración nueve veces con las fotitos, que:

  • El 100% de los hombres heterosexuales están a favor de las fotobragas. Aunque hay que precisar:
    • El 35% está totalmente a favor, sin restricciones, sin cortapisas, con alabanzas cercanas a lo exagerado.
    • El 40% está más a favor todavía y suele invitar y animar a que las mujeres cuelguen sus bragas (y no precisamente para que se sequen, por lo que se ve).
    • El 25% restante aboga por declarar las fotobragas de interés turístico internacional, hacer exposiciones temáticas y conceder el premio Nobel a quien ideó la iniciativa.
  • El 50% de las mujeres piensa que esto es divertido, liberador y que etá muy bien.
  • El otro 50% dice que son unas putas.
  • El primer 50% dice que las anteriores son unas estrechas.
  • El segundo 50% dice que no hay que ser tan fresca para ser tuitera.
  • El primer 50% dice que las que no lo hacen es porque tienen ropa interior de Bridge Jones.
  • El segundo 50% dice que ellas las enseñan a quien quieren y no a los tuiteros salidos.
  • El primer 50% dice que si no lo quieren hacer que no lo hagan pero que dejen que ellas hagan lo que les salga del toto (término que intuyo que es un eufemismo pero tendré que comprobarlo).
  • El segundo 50% dice que hagan lo que quieran pero que ellas son libres de opinar que son unas putas.
  • El ciclo se repite.
De todo esto concluyo que, como hombre, tengo que estar a favor de las fotobragas y que todo esto pasará mañana pero que hoy está entretenida la cosa.

Viendo unas fotitos de estas empiezo a entender por qué gusta Turter (que no, que así tampoco es).

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Día 15. Cuestión de complementos: Instagram

Cada día me asomo con mayor temor a esto de Turuter (que te vi) porque no sé cómo voy a asimilar las novedades con las que me vaya encontrando. Hay que reconocer que este mundo de los megas, las redes y las wifis tiene la especial virtud o el terrible vicio de revolucionarse cada dos por tres (seis) con novedades y con cachivaches virtuales que acaban enredando la madeja sin medida ni límite.

Por lo que he podido entender en dos o tres horas de paciente observación, es erróneo pensar que basta con escribir tuits y hacer retuises y tal para poderte considerar un tuitero completo. La energía comunicativa, el afán por transmitir al mundo toda la sabiduría que su alma contiene y el proporcionar solaz y diversión por doquier impulsan al tuitero a ensanchar las estrechas fronteras de los ciento cuarenta caracteres y le impulsan a enriquecer su aportación con complementos que se entienen casi necesarios para tuitear.

Por un lado están las fotos. Para éstas, además de cámara, necesitas algún programa para retocar patas de gallo, añadir filtros (como al café), poner un texto significativo, pixelar la cara o añadir alguna nota jocosa a la fotito que quieres mostrar. Además, según parece, existe una especie de Tweter (uyyy, casi, casi) pero para fotos. Lo llaman Instagram y, movido por la curiosidad, he ido a mirar qué se esconde allí y, por un momento, no he sabido si estaba viendo una red social de fotografías o el menú de un restaurante. Tres cuartos de hora viendo la mayor variedad de platos de una u otra índole que han terminado por convencerme de que me estaba muriendo de hambre.

Después de comer he seguido investigando y, por lo que he visto, no sólo hay comida en Instagram, también hay gatos. Muchos gratos. Muchísimos gatos. De todos los tamaños y colores, en diversas poses adorables. A decir verdad, he visto uno que no sabía si era un gato o una rata hasta que las explicaciones que daba su dueña, embargada por el cariño, han aclarado la cuestión: era una rata que a ella se la vendieron como si fuera un gato y en tan errónea percepción sigue viviendo.

Echando un poco la vista atrás me he centrado en otro grupo de fotografías (se ve que esto va de colecciones temáticas). En esta ocasión se trataba de pies. Pies que, como los gatos, los había de todos los tamaños y colores (desde el blanco lechoso hasta el negro zaino). Pies y más pies, aunque éstos no me han resultado tan adorables como los gatitos ni he visto a sus propietarios tan orgullosos. De hecho, uno me ha llamado poderosamente la atención pues mostraba unos pies que no he sabido, tras mirarlos atentamente durante media hora, si eran los suyos propios o las garras de un águila imperial que tenía por mascota. Toda una incógnita.

Por supuesto no faltan fotografías diferentes pero, para qué engañarnos, son más complicadas de encontrar. Si algún día me decido a abrirme una cuenta en Instagram (joer, esto parece Suiza con tanta cuenta que hay que abrir), tengo pensado hacer una especie de composición con pies, comida, gato (en este caso el del coche que de los otros no tengo) y le añadiré un filtro chulo de esos que haga que parezca que la fotografía fue tomada hace muchos años.

martes, 26 de noviembre de 2013

Día 14. Abriendo el círculo.

Por fin me he decidido. Me he dado cuenta de que marear la perdiz a lo único que me conduce es que la perdiz me acabe vomitando y, aunque la pajaritología no sea lo mío, supongo que no debe ser una experiencia agradable. Así que he optado por tuitear, así, sin leer demasiado, a lo loco, dejándome llevar a ver qué sucede.

Como mi gran número de seguidores en realidad se restringe a la hueva, he creído oportuno empezar a hacerlo usando eso que conocí hace días y que tiene nombre es estornudo en alemán. Sí, hombre, eso de la almohadilla delante: el hashtag porque sé que, quien le dé por pinchar en el nombrecito elegido podrá ver mis mensajes aunque no me siga ni de lejos.

He optado, en primer lugar, por crear uno propio y, tras comprobar en 148 intentos, que ya estaban pillados los que se me iban ocurriendo, por fin he dado con uno que, al parecer, no había sido usado antes por nadie. He intentado que se vea mi predisposición a hacer amistades y, con la esperanza de lograr mis objetivos lo lanzo al mar del Tiutwer (mierda) como si de una botella con un mensaje de náufrago se tratara:
#HolaVoyAPonerCosasParaQueMeConozcáisQueSoyNuevoEnEstoDeTuitearYNoTengoMuchosSeguidoresPorMásQueMeEmpeñoEnConseguirMuchosDeUnaRepajoleraVez

Emocionado por este pequeño paso que, esperaba, me iba a granjear el afecto de cuantos lo buscasen en las Tendencias esas, he ido a probar a escribir un segundo tuit usando el mismo HT (que se así es como lo abrevian lo tuiteros de pro). Ha sido desagradable comprobar que, tras introducir toda esa retahíla sólo me quedaba disponible un carácter de los 140 que se permiten. Me rasco la cabeza mientras medito y llego a plantearme que, a lo mejor, no lo he hecho del todo bien, lo que me convence de que es mejor buscar ya temas usados por otros ya que, en buena lógica, a lo mejor no se le ocurre a nadie buscar el mío por muy original que resulte (o precisamente por ser tan original).

Busco entre los existentes, sobre todo entre los que están siendo usados y veo que hay una gran profusión de tuits erotizantes. Estos tíos son capaces de encontrar la vena erótica hasta a un ladrillo de piedra pómez. Erotizan pueblos, apellidos, películas, series, comidas, bebidas, refranes, animales, flores... Se ve que son gentes que se pasan todo el día dándole a la cosa sexual porque se muestran como auténticos expertos en la materia. Otra tendencia es la del día de la semana, que como tema no es muy original pero hay que admitir que entretenido tampoco resulta. Opto por usar un HT que me puede servir para abrirme las puertas a lo grande #JustinBieber del que no tengo ni la más remota idea pero que se ve que es lo más leído del mundo mundial. Con tembloroso pulso escribo "#JustinBieber es una puta mierda" y espero que me respondan.

Mi plan para hacerme popular ha funcionado a medias. He recibido cuatrocientas dieciocho mil menciones pero todas ellas se han dedicado a resaltar mis muchos defectos, acordarse para mal de mi santísima madre, y defecarse hasta en zonas de mi anatomía que he tenido que buscar en Google para saber si eran reales o se las estaban imaginando. Eso sí, mi cuenta de seguidores ha subido portentosamente ya que otros cuatro se han puesto a hacerme follow y uno de ellos hasta me ha felicitado por mi valentía.

Mientras me siguen lloviendo las menciones que insisten en advertirme que la vida es frágil y que la mía puede estar en serio peligro, cierro esto temblando de espanto y rezando para que nadie descubra donde vivo. Esto no va bien. Nada bien.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Día 12+1 (13 de toda la vida de dios). Megapixeles a porrillo.

Como aún no me he atrevido a intentar instalar Tustwer (buff, esto empeora por momentos) en mi flamante teléfono (antes debo averiguar cómo diantres se enciende (tarea no menos complicada así de entrada), me he dedicado a leer un poco y a aprender a tuitear para poder hacerlo con soltura (el tuitear que lo otro no creo que se aprenda mucho por aquí).

He ido mirando lo que otros han escrito y he descubierto, no sin cierta sorpresa, que parece ser que hay días que se dedican a algo especial. Por supuesto, conocía la temática de los lunes: quejas y llantos como si el universo entero se hubiera convertido en un infierno y sólo el constante lamento pudiera mitigar el daño que produce la maldad de empezar una semana. Sin embargo, no se queda ahí la cosa sino que, con mayor o menor vehemencia, otros días les da a los tuiterianos por hacer algo especial en agradable compañía. Algún día me detendré en este aspecto.

Sí me ha llamado la atención el hecho de que exista la posibilidad de colgar fotitos, unas más artísticas que otras, otras más graciosas, otras horribles como una que se ha puesto de moda de una mujer oronda que parece que le han pisado un callo a juzgar por los ojos que se le van a salir de las órbitas. Por lo que comentan anuncia unas loterías aunque sigo sospechando que, lo que realmente promociona, es una serie de terror o de zombies que tan de moda están últimamente. Esta visión tan inquietante me ha llevado a preguntarle al huevo si no hay forma humana de hacer que no se vean las imágenes porque, para qué vamos a engañarnos, algunas pueden fastidiarte el día, la semana y, si me apuras, el mes entero. Solícita y eficiente, mi consultada me ha mostrado el modo de filtrar esas imágenes (pasos que he dado sin saber exactamente lo que hacía y que dudo mucho que pueda repetir jamás). El resultado ha sido, cuanto menos, decepcionante. Resulta que, filtrar imágenes "sensibles" es, según Twliter (mmmm. no, no me convence así tampoco), ocultar unas tras un botoncito que tienes que autorizar para descubrir un gatito, una comida o un paisaje agreste mientras que, al dichoso filtro, se le escapan tetas y culos (lo cual no es que me moleste, precisamente) y vísceras sangrantes, seres monstruosos y penes por doquier (esto ya resulta menos agradable). No acabo de entender el criterio pero, al menos, se ha quedado un poco despejado mi TL lo cual me permite regodearme bien regodeado de imágenes sucesivas de la señora gorda de ojos saltones y boca terrible.

Sí he notado que abundan las mascotas. Creo que voy a tener que hacerme con algún animal al que hacer fotografías porque todo el mundo lo hace, algunos con encomiable insitencia. Perros y gatos son las estrellas tuiteras así que, es muy probable, tendré que adoptar una mascota. Mis dudas se centran, sobre todo, en si adoptar un hurón o una comadreja que me parece a mí que, de entrada, dan buen juego. Tendré que sopesar las opciones antes de tomar tan trascendental decisión.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Día 12. Eligiendo teléfono.

Pese a mis reticencias, al final me han convencido para que me haga con un nuevo móvil que me permita tuitear a diestro y siniestro. A raíz de conocer esta posibilidad de la moderna telefonía me he fijado y he descubierto a bandadas de gente que son un auténtico deleite para los fisioterapeutas dado el grado de encorvamiento con el que caminan para no perderse detalle de lo que sucede en sus pantallitas. También sospecho que algo tendrá que ver algo que llaman Guasap pero en el que no he querido profundizar que bastante liadas tengo las cosas ya con Twiriter (este es apropiado para los días de frío pero me da que tampoco se ajusta a su nombre original).

Con paso firme he entrado a una tienda de móviles y he procurado aparentar que tenía bien claro lo que es estaba buscando, a fin de que no intentaran timarme que me han dicho que hay algunos en estas empresas que te la meten doblada y esto es algo que, a fecha de hoy, me hace bien poca gracia.

Tras unos minutos mirando su ordenador, el dependiente me ha dicho que tenía acumulados cincuenta y ocho millones trescientos catorce mil novecientos trece puntos por no haber cambiado de móvil en todo el tiempo que llevo en la compañía. Alucinado ante tamaña suma, le he preguntado que qué me dan por tanto punto y, sin perder la sonrisa, me ha contestado que puedo acceder a los últimos terminales sólo con pagar una pequeña cuota mensual durante los próximos dos años. Al oír esto me he dado cuenta de que los llaman "terminales" porque, realmente, terminan con tu cuenta bancaria a golpes de pequeñas cuotas.

Ante mi estupefacto rostro, ha dispuesto cinco modelos distintos. Ha empezado a cantarme maravillas teléfonicas que se pueden conseguir con cada uno de ellos. Con unos podía hacer fotos chulísimas, con otros podía hacer videollamadas para flipar (este debe ser un término sumamente científico pues lo ha aplicado a todos los terminales), con otros podía navegar a altísima velocidad gracias a la tecnología 4G (algo que me ha maravillado porque, jamás he sido capaz de encontrar el punto G y que te pongan cuatro pues como que facilita mucho la labor). Me ha hablado de ancho de banda, de autonomía de la batería (algo que no me hace gracia en principio pues no la quiero que sea tan autónoma que pase de mí a la primera de cambio) y de no sé cuántas cosas más.

Gracias a la claridad de sus explicaciones al fin le he formulado dos simples preguntas que son las que no he acabado de entender en toda su verborrea. La primera, evidente creo yo, ha sido: "¿Y para llamar sirven o eso hay que contratarlo aparte y con otro chisme de estos?" Me ha tranquilizado enormemente la rotundidad con la que me ha asegurado que sí, que rebuscando un poco entre todas las aplicaciones del teléfono es posible encontrar por casualidad la opción de llamar.

La segunda de mis dudas, esta más centrada en lo que me interesa, es "¿Tiene Tuintre?" (sólo se la he tenido que repetir seis veces hasta que me ha entendido pero no se lo voy a tener en cuenta). Por lo que se ve eso no lo trae ningún teléfono y, cuando me he puesto a gritar como un poseso porque yo lo que quiero es que tenga de eso y no lo ofrecen porque no les interesa, se ha apresurado a aclararme que esa es una aplicación que me puedo descargar e instalar (ya verás tú lo que tardo en hacer todo eso sólo porque al niñato ese no le sale de la real gana hacerlo).

Tras tres horas de debate interior, me he decidido por un teléfono grande y lustroso, sin botones (algo que me inquieta porque no sé cómo narices voy a marcar el teléfono del telepizza o del Club Momentos) y que parece ser lo mejorcito que se ha hecho en mucho tiempo.

Con los nervios de un colegial he llegado a casa y he puesto un tuit anunciando mi modernización, a lo que el huevo me ha contestado en unos minutos diciéndome que cómo se me ocurre coger una mierda de Android pudiendo haber excogido otros mejores y que ya veré como me arrepiento. Esto me ha sonado a amenaza y me he sentido triste y abatido. Quiero dejar de entrar aquí y, sin embargo, no puedo dejar de hacerlo por alguna extaña razón que no alcanzo a entender.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Día 11. Full Time?

Llevo unos cuantos días zarceando en el Tururiter (mmmm, no, así no me suena que sea tampoco) y como me gusta ser meticuloso (meti, culoso... tendré que hablar con la R.A.E. acerca de la sospechosa etimología de este término) hoy me he dedicado a hacer recopilación de lo aprendido para asentar conocientos.

Por lo que he podido ver, esta red es, en conjunto decepcionante. Hacerse oír es muy difícil (sobre todo si tenemos en cuenta que es un medio escrito y  que, por mucho que le chilles al ordenador nadie salvo tus vecinos te oyen), tener seguidores es complicado, tuitear bien es costoso y responder sin pisar algún callo resulta complejo. Considerando esto me surge la inmediata pregunta: ¿Por qué coño me meto yo en estos fregaos? (Y, hablando de fregaos, he descubierto una asociación de tuiteros que exigen, incluso con severa contundencia, que nadie pise lo fregao).

También he aprendido que en Tiwter (me acerco un poco más ¿No?) nada es lo que parece. Esto es algo que descubres al ver que los seguidores son followers, a una arroba la llaman conecta, los avatares son de cualquier sitio menos de Pandora. Si hasta un huevo resulta ser una chica con sus cosas bien puestas y todo, poco queda que añadir a este aspecto.

Algo que me ha sorprendido enormemente, es ver a gente que está a todas horas. Por la mañana, antes de que se desperece el gallo, al mediodía con las cervecitas, por la noche con las juergas y al día siguiente con la resaca. ¿Cómo hace esa gente para llevar el ordenador a todos lados? Espero que sea un portátil porque, si no, será curioso ver gente y más gente deambulando con un ordenador enchufado a un cable de varios kilómetros que le permita ir a cualquier rincón de la ciudad y poder contarlo en la red.

Preocupado por esta cuestión y, dado que no he visto a ninguno llevando su ordenador a cuestas como caracol cybernético, le pregunto a los informáticos cómo puede haber gente que no salga de aquí ni para mear. Después de unos veinte minutos de carcajadas (incomprensibles para mí pero el destino se encargará de mandarles a estos frikis una enfermedad venérea dos días antes de que vayan a perder la virginidad), me explican que Trurister (así no me suena bien ni en la distancia) también se puede instalar en el móvil. Creo que mi cara con los ojos como platos les ha convencido para que me ayuden en esta tarea porque me han pedido mi teléfono y se han ofrecido a hacer las labores de instalación por mí.

Les he dado mi Motorola Tango 300, del que huelga decir que estoy orgulloso por su durabilidad y resistencia ya que está como nuevo y jamás lo he tenido que cambiar. Inmediatamente se han puesto a rebuscar por todos los rincones y me han preguntado como siete veces que dónde guardaba la cámara oculta. Cuando he logrado convencerles de que no había nada de eso y les he vuelto a pedir que me instalaran el programita para tuitear han recaído en otros tres cuartos de hora de risas encanadas (lástima no les dé una descarga el ordenador que los deje impotentes, oye). Al fin, me han explicado que ese teléfono no sirve porque debe ser antiguo. No entiendo que, si funciona perfectamente, me vea abocado a cambiarlo pero, parece ser, que si quiero dedicarme un poco más a tuitear es un paso que me veo obligado a dar.

Estoy meditando los pros y contras, las ventajas de meter esto en mi mano y facilitarme el perder el tiempo en cualquier lugar, a cualquier hora y formar parte de cuantos están tecleando en el telefonito por todos los rincones de este alocado mundo. Por un lado me desprendería de un teléfono al que tanto aprecio pero, por otro, eso me permitiría tener la posibilidad de hacer productivo mi tiempo, porque otra cosa no, pero Trutiter (se me va de las manos esto) productivo tiene que ser por narices ya que tanta gente lo usa.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Día 10: Fauna y flora tuitera

Reconozco mi torpeza en muchos aspectos de la vida y parece ser que es muy evidente Tuester (vaya por dios). Cuanto más observo, más descubro que hay cosas que se escapan a mi comprensión y lógica. Sin duda me faltan datos. En mi ánimo de aprender me he puesto a leer los tuits que iban desfilando y he podido comprobar que en esta red no todos somos iguales, ni mucho menos.

Por un lado están los pocofollowers, es decir aquellos que tienen un escaso número de seguidores. Por lo que leo, son seres entrañables y cariñosos, dignos de compasión e inofensivos. Son la "tacita a tacita" del Turuter (casi que no es así tampoco) y parecen granjearse las simpatías del público. No me queda claro con cuántos seguidores digievolucionas al siguiente estado pero sospecho que yo, con mi seguidora cabreada por el tuit de las tetas, pertenezco a esta noble raza de tuiteros humildes y laboriosos.

Por lo visto, hay gente a la que los followers se le apelotonan por miles (a este paso, a mí me sucederá allá por el año 2190). Se ve que son buenos, divertidos y sus tuits son retuiteados una y otra vez porque merecen la pena. Algunos los llaman "Muchosfollowers" (que tampoco hay que romperse la sesera inventando nombrecitos) y parece ser que mucho de lo bueno de esto se encuentra en sus tuits (y yo que pensaba que lo más destacable iba a ser poder ver culos y tetas).

Aunque en apariencia estos lo tienen sencillo y les basta con su talento natural, por lo que he podido leer, no lo tienen fácil. Si hacen retuises hay quien les recrimina que los hacen porque quieren que escriban ellos, si no los hacen hay quien los llama tuistars (que no sé qué diantres es pero parece que muy bueno no debe ser). Si se dedican a contestar todas las menciones (que deben ser un buen montonazo como les dé a todos sus seguidores por mandarles arrobitas) les reprochan que no tuitean, si no responden y se entretenienen en hacer sus tuits los vuelven a meter en el saco de tuistars. Si entran mucho los llaman agobiantes y si entran poco pues como que todos les dicen que vuelvan que no pueden vivir sin ellos. Total, que yo prefiero quedarme muy a gustito en mi cuenta con una seguidora porque no hay sueldo que pague tanto desvelo como conlleva el tener tanta prole, por muy cybernética que sea.

Lo cierto es que, más allá de los followers, lo que me queda claro es que si tuiteas mucho cansas, si tuiteas poco se te olvidan, si tienes muchos followers no te los mereces, si tienes pocos más mereces, si retuiteas, es que no tienes nada propio que decir y, si no lo haces, no eres capaz de reconocer el talento del tuitero. Si mencionas mucho agobias, si no mencionas eres un tiesto sin valor.

Con las cosas así de claras, voy a hacer una aportación poniendo un tuit ajeno pero, para no incordiar, lo hago copiándolo entre comillas y poniendo al tuitero que lo escribió, que yo no quiero apropiarme de nada que no sea mío. Orgulloso de mi hazaña, de esta solución salomónica que he encontrado por mis propios medios y que supongo que a nadie se le ha ocurrido, espero pacientemente a ver qué resultado se obtiene. En tres segundos (cuatro a lo sumo) me llega un tuit en el que el tuitero autor me desea que mi día sea tan bueno que acabe con mis entrañas esparcidas por toda la ciudad de una forma lenta y dolorosa en agradecimiento por mi retuit manual (anda coño, pues resulta que sí que se le había ocurrido a otros hacerlo y tiene hasta nombre la cosa y, por lo visto, no gusta demasiado).

Acongojado, le pido disculpas y prometo averiguar si existe un modo de enmendar mi terrible falta pero que ya si eso mañana que hoy tengo que retirarme al "rincón de cagarme en todo lo más barrido que quién me mandaría a mí hacer estas cosas".

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Día 9: Descubriendo los retuises y favoriteos

Nunca te acostarás sin saber una cosa más, dicen y con Turitter esto es un hecho (salvo con lo del nombrecito que no me sale ni a tiros, claro). Leyendo lo que otros escriben aprendes muchas cosas tan útiles como que se puede hacer RT o FAV, que siempre viene bien esto para triunfar en la vida, supongo.

En cuanto he visto a alguien pidiendo que le hicieran alguna de esas cosas he acudido al kamasutra para ver qué posturita exactamente estaba pidiendo el interfecto pero, por más que me he quemado las pestañas y me he emocionado con el librito, no he encontrado ninguna referencia a nada que se le pareciera ni en lo más remoto. Este fracaso me ha hecho considerar la posibilidad de acudir al videotutorial del sudamericano que, lo más probable, algo explicará del asunto.

Efectivamente, a los veintiocho minutos de hablar sobre otras cosas que no vienen al caso, ha empezado a explicar eso de dar FAV o RT. El faveo es ponerle una estrellita a un tuit y esta acción en apariencia tan simple, tan carente de transcendencia y tan sosa en principio parece que tiene una capital importancia. Legiones de tuiteros suspiran por poner un FAV en su vida y supongo que es porque si los acumulas obtienes un juego de sartenes o un viaje para dos personas a un paraíso de estrellitas y luces oníricas al atardecer. Supongo, digo, porque las ventajas y beneficios de tal acto no se me hacen evidentes así de entrada. Dispuesto a poner en práctica esta nueva manera de interactuar abro los mensajes del huevo que me sigue, y hago click en la estrellita y espero como tres cuartos de hora a ver si cambia algo, si la pantalla se me cubre de confeti o si suena música celestial acompañando mi gesto. Todo se queda en un sosísimo no pasar nada, salvo que la estrellita se me ha puesto de un color naranja nada espectacular.

Caso distinto parecer ser el RT (ERRETÉ según algunos, Retuiteo según otros). Parece ser que si hacer un RT de esos el tuit viaja milagrosamente a tu TL (joer cómo estoy dominando ya el argot este de marras) y aparece el señor o señora que lo escribió y el mensaje. Es como copiar y pegar pero, eso sí, mostrando quién es el culpable de que el tuit circule. Esto me parece más útil ya que, al menos, el huevo puede leer lo que yo he leído y me hace gracia que, quieras que no, es más rápido que si yo se lo cuento y, sobre todo, menos trabajoso para mí.

De repente, en mi TL aparece un tuit de alguien a quien no sigo ni conozco de nada y me pregunto qué estará pasando, si ya se me habrá escacharrado el Tristter (el día que sepa cómo se escribe me da algo) pero veo que se trata de que alguien ha retuiteado a otro porque otra cosa no pero el programita parece ser que pone mucho empeño en informar de todo lo que hacen los usuarios, hecho que, no es por malmeter, siempre he considerado de ser muy cotilla. Puestas así las cosas, hago mi experimento y retuiteo un mensaje lleno de desparpajo y fino humor (vale, habla de tetas pero me ha hecho gracia) y le pregunto al huevo si le ha aparecido el mensaje. A la media hora me contesta que sí y que no entiende por qué le mando cosas con tetas que ya bastantes tiene ella (debo recordar que es una hueva).

Me he pasado tres cuartos de hora más intentando explicarle mis motivos pero no sé si la he convencido, sobre todo después de sus tres amenazas de darme UF, de hacerme vudú y de fastidiarme la vida con toda su saña. De nuevo me desplomo en la desilusión. ¡Es tan fácil incurrir en malentendidos por aquí! No sé yo si volveré a jugar a esto. No me divierte.

martes, 19 de noviembre de 2013

Día 8: Pon un hashtag en tu vida.

Lo de los nombrecitos de Tururiter (así no me suena que sea) ya empieza a ser recochineo. No les basta con poner las cosas en angloparlante que, además, lo hacen de forma tan concienzuda que es casi imposible adivinar por dónde van los tiros. Hoy he estado viendo por la tele que algo relacionado con alguien ha sido Trending Topic mundial durante un buen rato. Movido por la curiosidad he llamado a mi informático de guardia, a Sandro Rey y al 1004 para que me dieran información al respecto y, tras diversas explicaciones, he llegado a tener un poco claro el asunto.

Por lo que se ve, la confusión en los tuits es tal que, cuando se quieren agrupar en temas se les añade una etiqueta pero, claro, no podían llamarla "etiqueta", no vaya a ser que alguien se confundiera y pensara que se trata de una etiqueta así que se decidió dejar el término como en Inglés: hashtag. Cuando pronuncio esto tengo la impresión de que algo se me ha quedado adherido a las paredes de mi garganta y lo estoy sacando con la fuerza gutural de un coloso. Lo que vulgarmente se conoce como un "pollo" y, sinceramente, aquí no veo el glamour por ningún lado, suena casi germánico si lo pronuncias con cierta vehemencia.

En fin, que me he encontrado con que, según parece, si pones una almohadilla (#), yo siempre la he llamado el cuadradito con las líneas p'afuera, delante de un texto, automáticamente la palabra que hay detrás se convierte en un tema, en una etiqueta y si otro utiliza el mismo hashtag pues los mensajes se juntan como hormiguitas formando un bello mosaico de tuits y avatares. Vamos, que con esto han descubierto las carpetas clasificadoras y los post-it cybernéticos como quien descubre la pólvora.

A lo que se ve, si una etiqueta de esta es muy usada y mucha gente hace tuits con ella llega a ser Trendig Topic, o sea, famosa, supongo que con su firma de autógrafos, su photocall y demás parafernalia que suele acompañar al famoseo. Es como una lista de popularidad pero en la red y debe ser la leche porque en la tele exhiben con orgullo cuando algo de lo que ellos hacen llega a tan alto honor. Supongo que también conllevará una gran remuneración visto cómo lo agradecen los chiquillos.

Sabedor de estas cosas, he observado que hay una ventanita donde aparecen los TT (que no es la abreviatura de ombligo como cabría pensarse sino de los temas estrella) de cada momento. Cuál es mi sorpresa cuando veo reaparecer al Justiniano Bieber ese, feliz martes, empleo y España entre ellos. No acabo de entender la relación entre todo esto pero por algo estarán ahí juntitos. Eso sí, hay hashtags de todo tipo y se suponne que incentivan la participación de la gente. Los de "ErotizaUn..." son muy recurrentes y despiertan la chispa y gracejo del personal, aplicando zonas erógenas y motivos sexuales a cualquier película, canción, pueblo, nombre... Me doy cuenta de que algunos escriben el hashtag con varias palabras juntitas pero ponen mayúscula al principio de cada palabra para que se lea mejor y a otros les da igual eso porque al final todo lo revuelve Tuiltre (mmm... no, así tampoco) con su inmesan sabiduría. Lo cierto es que este descubrimiento me empuja a crear un hashtag, me apetece mucho hacerlo, quiero ser famoso gracias a mi etiqueta graciosa y generadora de nuevos tuits.

Embebido en mi sed creadora (bebido... sed.. uyy que el subconsciente me está diciendo algo), me lanzo a poner un hashtag para ver si la gente quiere participar y escribo "#ParaQuePacoPuedaPorElCuloDebería" y lo dejo ahí, para que la gente se anime esperando que pronto sea TT mundial, o español al menos.

Dos horas después, en el apartado de mi hashtag no hay más que mi sencillita aportación. Es un nuevo fracaso en mi relación con esta red que cada día se me hace más cuesta arriba.